¿Faro eterno? El reto de presidir la OCLAE desde Cuba

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Por Rodolfo Romero Reyes

Durante 4 años fui dirigente de base de la Federación Estudiantil Universitaria de Cuba. De las distintas organizaciones políticas o de masas a las que he pertenecido, es con la que tengo mayor sentido de pertenencia. Sin embargo, tengo la percepción de haber escuchado muy poco de la OCLAE por aquel entonces. Cuando pisé su sede en La Habana ya me había graduado como periodista. Recuerdo que no entendía por qué dentro de nuestra organización estudiantil existía tanto desconocimiento sobre su concepción, estructura o funcionamiento.

La investigación para realizar este libro saldó algunas de mis deudas cognoscitivas, pero faltaban variables por despejar en esta ecuación. Por eso fui a conversar por espacio de una hora con Heidy Villuendas, presidenta de la OCLAE, miembro además del secretariado nacional de la FEU y estudiante de 5to. año del Instituto Superior de Relaciones Internacionales «Raúl Roa». Acababa de entregar su tesis de licenciatura que discutiría el mes próximo, colgar el teléfono con un dirigente estudiantil brasileño y ultimar detalles para el evento de estudiantes antiimperialistas que en dos meses se celebraría en La Habana.

En medio de tantas obligaciones, respondió a mi primera pregunta:

¿Qué une al movimiento estudiantil latinoamericano y en qué no se pone de acuerdo?

En cada país existen federaciones u organizaciones que aglutinan a los estudiantes. Cada persona tiene su manera de pensar, de concebir el mundo, a partir de sus experiencias y sus contextos. Por tanto, son organizaciones plurales, muy diversas entre sí.

No se puede decir que la OCLAE sea el movimiento estudiantil en América Latina. Es una organización que tiene dentro de sus organizaciones miembros, al movimiento estudiantil organizado más fuerte y más importante, pero no lo abarca todo, ni tampoco lo dirige. Agrupa a determinadas organizaciones y estas son las que tienen dentro de su membresía a los estudiantes. Es una organización de organizaciones.

Por eso no podemos hablar de un movimiento homogéneo. La plataforma se crea como una articulación del movimiento estudiantil ante una necesidad que hay—no digo que había porque existe hoy todavía— de articular las luchas del movimiento estudiantil en América Latina y el Caribe.

Nos unen las luchas por la educación. A casi 100 años de la Reforma de Córdoba, uno percibe que muchas de las reivindicaciones del movimiento estudiantil de aquellos tiempos, 1918, todavía siguen pendientes. Incluso, con matices peores, porque la educación hoy se concibe —con la honrosa excepción de Cuba, por supuesto—, como un negocio, como mercancía para la élite. Unos pocos se enriquecen a partir de esos negocios, no se garantiza el acceso libre a las universidades. Eso que dijo el Che en la Universidad Central de las Villas, que la universidad tenía que pintarse de mulato, de negro, de campesino, de obrero, eso no sucede en la América Latina de hoy, como tampoco sucedía en 1918.

Eso hace que las organizaciones que son parte de la OCLAE, y de forma general el movimiento estudiantil en América Latina, organizado o no, hayan identificado la necesidad real de unirse. Mencioné la educación en primera instancia porque es lo que nos une a todos por igual. Somos estudiantes. Sin embargo, nuestra lucha va más allá del reclamo por la educación. Nos unen otras cuestiones, muchas de ellas recogidas en los principios fundacionales de la OCLAE, como el antimperialismo.

Esa postura es común para todas las organizaciones, porque los estudiantes reconocen que las problemáticas que sufren se originan como consecuencia del sistema capitalista que impera en esos países. Cuba es el único país del área en el que se puede hablar de educación pública, gratuita y de calidad. Ese reclamo que hoy hacen desde diferentes lugares del continente, se logró materializar en Cuba a partir de una revolución socialista; una educación integral, no solo en la universidad, sino en todos los niveles de enseñanza. Eso de poner al ser humano en el centro de las transformaciones es esencial, no solo para comprender el mundo, sino también para transformarlo. Por eso ese sentimiento antiimperialista del que nació la OCLAE en 1966, se mantiene hoy.

¿En qué no se ponen de acuerdo?

Cuando se debate sobre la coyuntura actual, nos diferencia el posicionamiento que se asume dentro de la izquierda. Hay quien decide que los problemas se resuelven con una revolución armada. Otros abogan por protestar en las calles o exigir sus derechos en una mesa de diálogo con el gobierno.

Algunos tienen como meta que se respete el boleto educativo (que se traduce en un descuento en materia de transportación, alimentos y hospedajes para los estudiantes universitarios). Otros no defienden que toda la enseñanza sea pública, sino que las universidades públicas sean atendidas como corresponde por el Estado. Es ese posicionamiento que se toma al interior de las discusiones a partir de las realidades que se vive en cada país, el motivo fundamental de nuestra desunión.

Pero son más fuertes las cosas que nos unen, que las que no. Aunque sea diferente la lucha en Colombia, en Chile o en Brasil, al final hay un gran problema en la educación. A lo mejor es con más o menos intensidad, con expresiones más claras o con métodos más disfrazados, pero la realidad es que cuando el movimiento estudiantil sale a la calle, es reprimido. En muchos países de América Latina los estudiantes son perseguidos, sus vidas corren peligro, tienen que exiliarse, reciben amenazas a sus familias, son asesinados.

En épocas de las dictaduras militares nos unió el hecho de que en casi todos los países hubo mártires, héroes y heroínas del movimiento estudiantil. En la actualidad hay países en los que solo por salir a marchar corres el riesgo de ir a prisión. Recientemente en Colombia, por salir a marchar el primero de mayo, acusaron a 4 jóvenes de «falso positivo», término judicial en Colombia que se traduce en que, en lugar de demostrarte que eres culpable, el sistema asume tu culpabilidad y tú debes probar tu inocencia. Mientras eso ocurre, pasas el tiempo en la cárcel.

El contexto colombiano es uno de los más difíciles. Dirigentes estudiantiles durante un desayuno pueden ser registrados bajo sospecha de que sean terroristas. Ellos tienen grabaciones que registran por ejemplo cuando el rector de una universidad le está dando al jefe de un grupo paramilitar una lista de estudiantes supuestamente problemáticos, vinculados al activismo político o que pertenecen a organizaciones estudiantiles para que los amenazaran.

Allá también existe un escuadrón de antidisturbios. Son los que se enfrentan a los estudiantes en las marchas o cuando paralizan una universidad. Pueden intervenir violando incluso la autonomía universitaria. Pero esos muchachos son muy valientes y no se dejan intimidar; ponen en riesgo su vida por una causa común.

Al ser una organización de organizaciones, ¿cómo se da el sentimiento de pertenencia hacia la OCLAE a lo interno de cada organización?

Es un reto que los estudiantes tengan sentido de pertenencia con la organización; habría que lograr primero que la conozcan y que se reconozcan dentro de ella. Esa es una de nuestras aspiraciones en el marco del 50 aniversario. En el caso de Cuba, la FEU organizó un recorrido al interior de las universidades en el país, para darla a conocer. Antes existían las cátedras de la OCLAE y al menos en cada centro estudiantil había un estudiante que era el activista de nuestra organización, básicamente ese activista tenía una función divulgativa, sin tener en sus manos toda la información. A partir de los reordenamientos que han existido en la FEU y en la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM), ahora la vicepresidencia de la FEEM es quien atiende esta área y, en el caso de la FEU, se logró que la presidenta de la OCLAE integre el secretariado nacional.

¿Cómo se da ese diálogo entre la FEU, en su carácter de presidenta, y las otras organizaciones que integran la OCLAE?

Debemos estar siempre pendientes para que ningún cambio en la estructura de una organización en algún país implique una ruptura con la OCLAE. Puede suceder que dentro de esa organización no tenga lugar una continuidad feliz y haya una ruptura con la estructura anterior. Eso que pasa en Cuba, que el presidente saliente le entrega al anterior y prepara su relevo, eso no sucede en casi ninguna de las estructuras que integran la OCLAE.

¿Todas las organizaciones miembros pertenecen a universidades públicas?

En algunos países el movimiento no está unificado y hay varias organizaciones que representan al estudiantado. No todas las que integran la OCLAE son unitarias. Las que son miembros plenos, sí. Pero hay otras que se articulan en carácter de asociadas u organizaciones amigas, que es otra forma de asociarse; esas funcionan solo en alguna universidad dentro del país, ya sea pública o privada. En Venezuela, por ejemplo, pertenece a la OCLAE la Federación de la Universidad Experimental Simón Rodríguez, porque no existe una organización unitaria.

¿Qué ocurre cuando se fragmenta una organización estudiantil? ¿Pierde su membresía?

En la práctica suceden fragmentaciones y surgen nuevas organizaciones. A nosotros nos toca decidir, siempre y cuando la nueva estructura desee pertenecer a la OCLAE. En algunos casos, hemos seguido el criterio de que si un grupo no está de acuerdo con algo de su federación, tiene que tratar de asumir la mayoría, si en cambio decide salirse, está rompiendo también con la OCLAE.

En Colombia se dio el caso de una ruptura y, sin embargo, la nueva organización se incorporó a la OCLAE. Esa decisión la tomó el Congreso, bajo la premisa de unir y de articular.

Dices que solo el Congreso puede tomar esa decisión, ¿cómo se toman otras decisiones durante el periodo en que no sesiona el CLAE?

El secretariado ejecutivo debe estar reunido permanentemente. Antes los cuatro radicábamos en La Habana la mayor parte del tiempo. En la actualidad nos es mucho más fácil atender las cuatro regiones desde nuestros respectivos países y nos mantenemos en constante comunicación mediante las redes sociales en Internet u otras tecnologías. Esto no hubiera sido posible años atrás. Por su parte, el secretariado general, integrado por 17 organizaciones, se reúne entre congresos, dos veces al año como mínimo. A veces sucede que el congreso, aunque debe sesionar cada dos años según los estatutos, demora tres, cuatro o hasta cinco años en reunirse.

¿Cuán difícil es presidir estas organizaciones cuando la FEU se desenvuelve en un contexto muy diferente y cuando no se comparten los mismos métodos de lucha?

Eso no es difícil. Si algo ha garantizado que la FEU de Cuba continúe presidiendo la OCLAE —más allá de que hemos tenido la visión de buscar los puntos que nos unan y no los que nos dividan—, son los avances que tenemos en materia de educación. Cuando en América Latina se exige una educación pública, gratuita y de calidad, la FEU de Cuba es la primera que tiene moral para acompañar esas causas.

Ningún gobierno, ningún ministro de educación puede decir que no hay financiamiento, que no hay estructuras o que es imposible, porque hay un país que ha logrado hacerlo; a través de una revolución socialista, pero ha logrado hacerlo.

Los CLAE han avalado la legitimidad de la FEU de Cuba para mantenerse en la presidencia. De hecho, en el último congreso fue por unanimidad. Los jóvenes universitarios siguen viendo en nuestro país un paradigma. A esto hay que sumar la voluntad política que tiene la FEU y el gobierno cubano de que exista una organización como la OCLAE. Esa estructura no la tiene ningún otro sector dentro de los movimientos sociales, ni los campesinos ni los obreros, solo los estudiantes, y, en gran parte, es por la voluntad de nuestro país. Incluso cuando desaparece la Unión Internacional de Estudiantes (UIE), a raíz de la desaparición del bloque socialista, la OCLAE no dejó de existir.

Sobre las diferencias en los métodos de lucha, te diré algo. Esa diferencia de contextos te sensibiliza mucho más. El primer país de la región que visité como presidenta de la OCLAE fue Colombia. Conocer dirigentes estudiantiles con guardaespaldas, ver llegar a la líder de Unión Patriótica —un partido exterminado por la violencia y asesinatos masivos por parte del gobierno—, en un auto blindado, sentir el temor de que en cualquier momento puede ocurrir un atentado, son realidades muy distintas a la Cuba.

Hoy me llaman desde Chile para decirme que mañana organizarán una movilización. Al día siguiente la llamada es para informarme que después de separarlos con chorros de agua a presión, decidieron lanzarles gases lacrimógenos.

Vivir en Cuba, un escenario tan diferente, te hace sensibilizarte más. Que no nos suceda a nosotros, no quiere decir que no haya sucedido antes. La historia no se debe olvidar bajo ningún concepto. La FEU en Cuba antes del triunfo de la Revolución pasó por momentos similares a los que se viven hoy en otros países. Aquí corrió la sangre de los estudiantes y no solo en la Universidad de La Habana. Enfrentamos crueles dictaduras, la de Machado, la de Batista.

¿La historia de la FEU es similar a la de otras organizaciones?

Cuando la FEU se funda en 1922 —ni siquiera como una federación con carácter nacional, porque se organiza primero en la Universidad de La Habana y luego en otras provincias—, al igual que en otros países, defendíamos la idea de la Reforma Universitaria, exigíamos la autonomía. El propio Julio Antonio Mella fundó la universidad popular José Martí. Esas eran las luchas de la FEU.

¿Cómo respondió el gobierno? Represiones, encarcelamientos, asesinatos. La FEU tuvo que funcionar en ocasiones de forma clandestina, incluso se vio obligada a crear además el Directorio Estudiantil Universitario, como el brazo armado de esta organización.

Era la época en que la policía decidía entrar a la universidad y coger presos a un grupo de estudiantes sin ningún motivo.

Solo los sectores más influyentes mandaban en la universidad y tomaban medidas que beneficiaban a unos pocos. El profesorado no respondía a los intereses de los estudiantes.

La lucha de la federación no solo se centraba en atender las problemáticas de la universidad sino que se preocupaban por otras cuestiones que afectaban a la sociedad en Cuba. Sentían que era necesario encausar una lucha armada para solucionar esos males sociales. Había que defenderse de las dictaduras y las fuerzas represivas. Por eso, en la Carta de México —cuyo aniversario 60 se cumple en agosto de este año—, nos unimos como movimiento estudiantil al Movimiento 26 de Julio y, en 1957, asaltamos el Palacio Presidencial para ajusticiar al dictador Fulgencio Batista.

Toda esta realidad se transformó con el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 y la Reforma Universitaria en 1962. Se diseñó una estructura y una universidad en la que existe un consejo de dirección que toma las decisiones con la presencia, participación y aprobación de los estudiantes. Y ese espacio lo tiene la FEU a nivel de brigada, facultad, universidad, e incluso, a nivel de país.

En esencia, cambiaron los métodos para exigir nuestros derechos, pero debemos seguir siendo una FEU rebelde, que represente los intereses de su membresía. La posibilidad de que en un Consejo de la FEU participe el primer vicepresidente del país o el ministro de Educación Superior, y que los estudiantes puedan manifestarle directamente sus insatisfacciones, no la tienen los estudiantes en ningún país de América Latina. Eso nos tiene que dar una visión de lo que tenemos hoy y de lo que podríamos perder en caso de revertirse el proceso revolucionario.

¿Cuáles identificas como principales debilidades del movimiento estudiantil en América Latina?

Si una debilidad tiene es el fraccionamiento al interior del movimiento. No podemos seguir debatiendo sobre en qué lugar nos vamos a posicionar para lograr las metas, sino centrarnos en qué hay que hacer, sin importar los posicionamientos, para lograr esas metas. Los esfuerzos tienen que ponerse en función de eso y no en otras discusiones.

Otra debilidad grande es que, en los momentos actuales, se hace muy difícil que los estudiantes se enfoquen en su entorno social. Las nuevas tecnologías, si bien nos facilitan muchas cosas, también sirven para enajenar, para que el estudiante no se preocupe si aquel puede comprar la comida o entrar en la universidad. Él ya está adentro, su única preocupación es graduarse.

Ese individualismo lo reproduce el propio sistema capitalista. Es para nosotros un reto lograr emancipar a ese ser humano y que no se continúe reproduciendo el individualismo. Alrededor de cada estudiante hay una sociedad que transformar.

¿Metas inmediatas?

Dar a conocer la OCLAE, lograr visibilizarla al interior de las organizaciones e incrementar su sentido de pertenencia. A 100 años de la Reforma de Córdoba, reivindicar los principios fundacionales: unidad, solidaridad y antimperialismo. Nos hace falta más movilización, organización y participación, si en verdad queremos hacer frente desde el movimiento estudiantil a la ofensiva que tiene la derecha y el imperialismo ahora mismo en América Latina.

Esta entrevista se publicó por vez primera en el libro «La revolución se hace en la calle. Una mirada al movimiento estudiantil latinoamericano», que pertenece a la colección Juventudes en Cuba, de la editorial Ocean Sur.

Festejarán en La Habana 50 años de la OCLAE

El medio siglo de la OCLAE  (Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes) será festejado en La Habana, del 11 al 13 de agosto, con un evento que homenajeará a Fidel Castro, líder histórico de la Revolución cubana, por su 90 cumpleaños.

El Encuentro Latinoamericano y Caribeño de Estudiantes Antimperialistas acogerá a unos 100 delegados  de las 38 federaciones miembros de 24 países del continente.

Una presentación cubana y de jóvenes de otras latitudes que se forman en centros de la enseñanza superior de la mayor isla de Las Antillas, se sumará al cónclave para juntos evaluar su protagonismo en el nuevo contexto que vive la región.

De acuerdo al programa de la cita se rendirá tributo a Julio Antonio Mella, fundador de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), y a José Rafael Varona, mártir de la OCLAE  en la Universidad de La Habana.

En la misma institución, sede principal de las sesiones del IV Congreso Latinoamericano de Estudiantes que dio vida a la OCLAE en 1966, tendrá lugar el acto central por los 50 años, dedicado especialmente a Fidel, principal inspirador y guía de esa plataforma.

Los asistentes al encuentro visitarán la Casa de las Américas donde inaugurarán una exposición de carteles por el medio siglo de la organización, y sostendrán un diálogo con intelectuales.

Los líderes estudiantiles igualmente recorrerán  el Memorial José Martí de la Plaza de la Revolución,  y asistirán a la presentación del libro La revolución se hace en las calles. Una mirada al movimiento estudiantil latinoamericano, de la editorial Ocean Sur, que tendrá como escenario la Casa del ALBA Cultural.

El sábado 13 en el Museo de la Revolución será la clausura y  celebrarán el cumpleaños 90 de Fidel con el compromiso de continuar defendiendo  los sueños e intereses de la juventud estudiosa y de los pueblos.

(Con información de Juventud Rebelde)

Conociendo a la OCLAE

Se aproxima un nuevo aniversario de la OCLAE, pero este no es  un aniversario cualquiera, la organización cumple 50 años y sus miembros desean conmemorar la fecha realizando un encuentro en La Habana, lugar donde fue fundada el 11 de agosto de 1966.

Mientras en la capital cubana se realizan los preparativos de este encuentro programado  para los días 11, 12 y 13 de agosto de 2016, algunos jóvenes se preguntan, ¿qué es la OCLAE?

La OCLAE es la Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes,  fue creada en la naciente Revolución  cubana en el contexto IV Congreso Latinoamericano de Estudiantes, con el propósito, de agrupar a diversas organizaciones estudiantiles  “como instancia movilizadora y coordinadora de las luchas antiimperialistas del movimiento estudiantil de América Latina y el Caribe”.

La organización está constituida por 38 organizaciones miembros pertenecientes a  23 países de América latina y el Caribe aproximadamente; su rol ha estado dirigido a “impulsar las acciones por la reforma y democratización de la educación, la erradicación del analfabetismo, el desarrollo de la más firme unidad y de los vínculos de solidaridad entre los estudiantes del continente, por la conquista y defensa de sus legítimos derechos y reivindicaciones, contra la deformadora penetración foránea en las universidades.

Desde 1997 ostenta la organización Status Consultivo en el Consejo Económico Social de Naciones Unidas y de Categoría Operacional ante la UNESCO.

Entre las labores que realiza se encuentran los trabajos con la Red Social para la Educación Pública en América (Red-SEPAS), en la Asociación de Universidades del Grupo de Montevideo (AUGM), en el segmento del MERCOSUR Educativo, en el Consejo Directivo del Foro Social Mundial (WSF), en la Alianza Social Continental (ASC), el Foro Latinoamericano de Juventudes (FLAJ), la Federación Mundial de Juventudes Democráticas (FMJD) y de la Sección de Educación Superior de la Internacional de la Educación para América Latina (IE). Desde 2014 forma parte de los Consejos Directivos del Espacio Latinoamericano de Educación Superior (ELACES) y de la Asociación de Consejos de Rectores de América Latina y el Caribe (ACRULAC), en representación del estamento estudiantil.

El mártir de la OCLAE es el dirigente estudiantil puertorriqueño José Rafael Varona, muerto a consecuencia de un bombardeo norteamericano cuando se encontraba de recorrido por Vietnam.

Actualmente el Secretariado General está conformado por 17 organizaciones estudiantiles del continente, mientras el Ejecutivo está compuesto por la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) de Cuba, la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua, la Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador y la Unión Nacional de Estudiantes de Brasil (también miembros del Secretariado General).

Desde su fundación, la FEU es la Presidenta de la OCLAE por lo que la Sede de su Secretariado radica en Cuba.

Claves para la organización política

01Por Ana María Cabrera Marsden y Rodolfo Romero Reyes

Mientras un grupo de jóvenes latinoamericanos dialogaban en La Habana sobre los retos que tiene su generación, a partir de un texto de Fernando Martínez Heredia, otro Fernando se sumó al debate enviando algunas ideas por correo electrónico. La discusión íntegra será publicada en algunas semanas por la editorial Ocean Sur, como parte de su proyecto Juventudes en Cuba. Por el momento, les adelantamos algunas ideas de las que compartió Fernando Vicente Prieto, quien es comunicador, periodista, integrante de Patria Grande en Argentina y miembro activo de la Articulación continental de Movimientos Sociales hacia el ALBA.

¿Cuán fácil o difícil resulta poner en sintonía los intereses individuales con los deberes cívicos y sociales? Creo  que es la pregunta de todos los tiempos. Para garantizar su puesto de mando en el sistema que sea (esclavismo, feudalismo, capitalismo), las clases dominantes siempre han procurado tener de su lado, al menos, a parte de los oprimidos y explotados, prometiendo un futuro mejor a quienes no ejerzan comportamientos subversivos o disruptivos para el orden establecido. De ahí que el sistema genera estímulos muy poderosos, tanto en el plano material como en el simbólico, para que nos concentremos en nuestro interés individual en lugar de que pensemos cómo unirnos para trabajar, en común, por el bien de todos. El mito del sueño americano es eso. Cada día, por ejemplo, miles de personas de Centroamérica viajan rumbo al norte buscando la promesa del sistema, que es en definitiva obtener la felicidad a través de una mayor capacidad de consumo. Casi ninguno triunfa, apenas alguno, de cuando en cuando, que sirve para alimentar ese mito. Es difícil luchar contra todas las comodidades o tentaciones que se despliegan para adormecer nuestra conciencia colectiva, pero también quienes participamos en un grupo político, social, cultural, etcétera, sabemos que es allí donde realizamos actividades y compartimos vivencias que de manera individual nunca alcanzaríamos, porque en esencia somos seres sociales.

Como se observa en ejemplos palpables de la historia, la única manera de luchar contra esta situación, para intentar cambiarla, tiene que ver con esa triada conciencia—acción—militancia. Son conceptos que se retroalimentan: si no hay acción, no hay conciencia. Es en la lucha misma donde las personas se forman principalmente, en la reflexión sobre esa lucha y en la reflexión de otros compañeros y otras compañeras. La militancia, a su vez, implica asumir de forma consciente la necesidad de organizarse y ayudar a organizar, para tener mejores acciones y mayores niveles de formación, de conciencia.

Desde mi punto de vista, creo que es clave, primero, tener la sensibilidad y el sentido común para advertir e indignarse ante las injusticias. Luego, la construcción de una cultura contrahegemónica respecto al capitalismo que nos permita desarrollar, aunque sea parcialmente, otras relaciones entre las personas. Ambos elementos, a su vez, se relacionan dialécticamente con la organización política, que está inmersa en una sociedad compleja, con pautas en general adversas, que la presionan, pero que también pueden influir en algún grado sobre ellas. Por ejemplo, disponiendo una forma organizativa que contenga a su militancia y le ofrezca colectivamente la posibilidad de desarrollar trabajos creativos, donde las personas alcancen niveles de realización individual y colectivos. También por ejemplo, desarrollando una política que aporte a subvertir las pautas ideológicas culturales capitalistas, revalorizando y construyendo nuevas subjetividades.

Por otro lado —aunque también, todo está relacionado— creo que es clave la recuperación de la propia historia popular. Muchas veces conocemos más de temas que no tienen ninguna importancia —vidas de celebridades, por ejemplo— o tienen menor vinculación con nuestra realidad específica —procesos sociales de otros lugares o de otros tiempos— que nuestra propia historia como pueblo. Esto en Argentina incluye a gran parte de la izquierda, por ejemplo, que es capaz de recitar frases de Marx o Lenin —con la importancia que tiene conocer a estos y otros pensadores revolucionarios— pero desconoce completamente la historia de América Latina o aún la de Argentina. Muchas veces se idealizan procesos ajenos y se desprecian los propios por «impuros», en busca de una ortodoxia que lleva a la paralización y/o al sectarismo.

A su vez, para la organización política es fundamental la eficacia: lograr avances materiales y simbólicos concretos. Aumentar la organización del pueblo, construir poder popular, liberador. Esto guarda relación con el grado de formación colectiva y la capacidad de acción—movilización, construcción de proyectos y propuestas políticas.

Anuncian próximo título de la editorial Ocean Sur

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Por José Gabriel Martínez

El 50 aniversario de la Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes (OCLAE) y los casi 100 años de la Reforma de Córdoba, son pretextos que hicieron nacer este libro.

El volumen incluye un recorrido por el movimiento estudiantil desde El Manifiesto Liminar en Córdoba en 1918 hasta las luchas actuales por una educación gratuita y de calidad. Comenta sobre los tres congresos previos a la fundación de la OCLAE, dedica un apartado especial al cuarto Congreso en 1966, a los objetivos de esta organización y a las asociaciones diversas que la integran.

Alertamos al lector: no cuenta la historia de la organización que durante cinco décadas ha promovido la solidaridad activa de los estudiantes del continente en la lucha contra el imperialismo, y la consolidación de los vínculos que los unen con los campesinos y con los obreros.

La revolución se hace en la calle es una mirada, desde Cuba, al movimiento estudiantil latinoamericano, pero con la participación directa de algunos de los líderes de este movimiento, quienes día a día enfrentan gases lacrimógenos, violencia policial, abusos de gobiernos neoliberales, y aun así, sueñan con un mundo mejor.

El volumen de la editorial Ocean Sur pertenece al proyecto editorial Juventudes en Cuba y concluye con entrevistas realizadas a dirigentes estudiantiles de países como Argentina, Colombia, Nicaragua, Brasil y Ecuador. Desde Cuba la entrevistada es Heidi Villuendas, quien se desempeña como presidenta de la OCLAE.

Se prevé que el libro se presente en agosto próximo en el marco del Encuentro latinoamericano y caribeño de estudiantes antimperialistas, a celebrarse en La Habana, y como parte de las actividades previas al cumpleaños 90 del líder de la Revolución cubana Fidel Castro.

Para los médicos, pero más, para los revolucionarios

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El taller que convocó a un grupo de jóvenes latinoamericanos a discutir desde La Habana, los retos que como generación asumen hoy, incluyó la lectura de algunos fragmentos de libros, muchos publicados por la editorial Ocean Sur. Uno de los que más aceptación tuvo fue un discurso, no tan conocido, de Ernesto Guevara. Hoy queremos compartir con ustedes algunos fragmentos de esa intervención que realizara el Che el 20 de agosto de 1960 en la inauguración de una serie de charlas y discusiones políticas organizadas por el Ministerio de Salud Pública. Aparece publicado íntegramente en Lecturas para la reflexión (Tomo I) La Revolución Cubana: años fundacionales. También se puede consultar en la antología Che Guevara Presente bajo el título «Discurso a los estudiantes de medicina y trabajadores de la salud».

El médico revolucionario

Ernesto Che Guevara

Este acto sencillo, uno más entre los centenares de actos con que el pueblo cubano festeja día a día su libertad y el avance de todas sus leyes revolucionarias, el avance por el camino de la independencia total, es, sin embargo, interesante para mí.

Casi todo el mundo sabe que inicié mi carrera como médico, hace ya algunos años. Y cuando me inicié como médico, cuando empecé a estudiar Medicina, la mayoría de los conceptos que hoy tengo como revolucionario estaban ausentes en el almacén de mis ideales.

Quería triunfar, como quiere triunfar todo el mundo; soñaba con ser un investigador famoso, soñaba con trabajar infatigablemente para conseguir algo que podía estar, en definitiva, puesto a disposición de la humanidad, pero que en aquel momento era un triunfo personal. Era, como todos somos, un hijo del medio.

Después de recibido, por circunstancias especiales y quizás también por mi carácter, empecé a viajar por América y la conocí entera. Salvo Haití y Santo Domingo, todos los demás países de América han sido, en alguna manera, visitados por mí. Y por las condiciones en que viajé, primero como estudiante y después como médico, empecé a entrar en estrecho contacto con la miseria, con el hambre, con las enfermedades, con la incapacidad de curar a un hijo por la falta de medios, con el embrutecimiento que provocan el hambre y el castigo continuo, hasta hacer que para un padre perder a un hijo sea un accidente sin importancia, como sucede muchas veces en las clases golpeadas de nuestra patria americana. Y empecé a ver que había cosas que, en aquel momento, me parecieron casi tan importantes como ser un investigador famoso o como hacer algún aporte sustancial a la ciencia médica: y era ayudar a esa gente.

Pero yo seguía siendo, como siempre lo seguimos siendo todos, hijo del medio, y quería ayudar a esa gente con mi esfuerzo personal. Ya había viajado mucho —estaba, en aquellos momentos, en Guatemala, la Guatemala de Árbenz— y había empezado a hacer unas notas para normar la conducta del médico revolucionario. Empezaba a investigar qué cosa era lo que se necesitaba para ser un médico revolucionario.

Sin embargo, vino la agresión, la agresión que desataran la United Fruit Company, el Departamento de Estado, Foster Dulles —en realidad es lo mismo—, y el títere que habían puesto, que se llamaba Castillo Armas —¡se llamaba! La agresión tuvo éxito, dado que aquel pueblo todavía no había alcanzado el grado de madurez que tiene hoy el pueblo cubano, y un buen día, como tantos, tomé el camino del exilio, o por lo menos tomé el camino de la fuga de Guatemala, ya que no era esa mi patria.

Entonces me di cuenta de una cosa fundamental: para ser médico revolucionario o para ser revolucionario, lo primero que hay que tener es revolución. De nada sirve el esfuerzo aislado, el esfuerzo individual, la pureza de ideales, el afán de sacrificar toda una vida al más noble de los ideales, si ese esfuerzo se hace solo, solitario en algún rincón de América, luchando contra los gobiernos adversos y las condiciones sociales que no permiten avanzar. Para hacer revolución se necesita esto que hay en Cuba: que todo un pueblo se movilice y que aprenda, con el uso de las armas y el ejercicio de la unidad combatiente, lo que vale un arma y lo que vale la unidad del pueblo.

Y entonces ya estamos situados, sí, en el núcleo del problema que hoy tenemos por delante. Ya entonces tenemos el derecho y hasta el deber de ser, por sobre todas las cosas, un médico revolucionario, es decir, un hombre que utiliza los conocimientos técnicos de su profesión al servicio de la Revolución y del pueblo. Y entonces se vuelven a plantear los interrogantes anteriores. ¿Cómo hacer, efectivamente, un trabajo de bienestar social, cómo hacer para compaginar el esfuerzo individual con las necesidades de la sociedad?

(…)

El individualismo como tal, como acción única de una persona colocada sola en un medio social, debe desaparecer en Cuba. El individualismo debe ser, en el día de mañana, el aprovechamiento cabal de todo el individuo en beneficio absoluto de una colectividad. Pero aun cuando esto se entienda hoy, aun cuando se comprendan estas cosas que estoy diciendo, y aun cuando todo el mundo esté dispuesto a pensar un poco en el presente, en el pasado y en lo que debe ser el futuro, para cambiar de manera de pensar hay que sufrir profundos cambios interiores, y asistir a profundos cambios exteriores, sobre todo sociales.

(…)

046-01Hace mucho que la mayoría del pueblo entendió que aquí no solamente había caído un dictador, sino entendió, también, que había caído un sistema. Viene entonces, ahora, la parte en que el pueblo debe aprender que sobre las ruinas de un sistema desmoronado, hay que construir el nuevo sistema que haga la felicidad absoluta del pueblo.

Si no, todos los sabemos, hemos llegado definitivamente al convencimiento de que hay un enemigo común. Nadie mira para un costado, para ver si hay alguien que lo pueda oír, algún otro, algún escucha de embajada que pueda transmitir su opinión antes de emitir claramente una opinión contra los monopolios, antes de decir claramente: «Nuestro enemigo, y el enemigo de América entera, es el gobierno monopolista de los Estados Unidos de América». Si ya todo el mundo sabe que ese es el enemigo y ya empieza por saberse que quien lucha contra ese enemigo tiene algo de común con nosotros, viene entonces la segunda parte. Para aquí, para Cuba, ¿Cuáles son nuestras metas? ¿Qué es lo que queremos? ¿Queremos o no queremos la felicidad del pueblo? ¿Luchamos o no por la liberación económica absoluta de Cuba? ¿Luchamos o no, por ser un país libre entre los libres, sin pertenecer a ningún bloque guerrero, sin tener que consultar ante ninguna Embajada de ningún grande de la tierra cualquier medida interna o externa que se vaya a tomar aquí? Si pensamos redistribuir la riqueza del que tiene demasiado para darle al que no tiene nada; si pensamos aquí hacer del trabajo creador una fuente dinámica, cotidiana, de todas nuestras alegrías, entonces ya tenemos metas a qué referirnos. Y todo el que tenga esas mismas metas es nuestro amigo. Si en el medio tiene otros conceptos, si pertenece a una u otra organización, esas son discusiones menores.

En los momentos de grandes peligros, en los momentos de grandes tensiones y de grandes creaciones, lo que cuenta son los grandes enemigos y las grandes metas. Si ya estamos de acuerdo, si ya todos sabemos hacia dónde vamos, y pese a aquel a quien le va a pesar, entonces tenemos que iniciar nuestro trabajo.

Y yo les decía que hay que empezar, para ser revolucionarios, por tener revolución. Ya la tenemos. Y hay que conocer también al pueblo sobre el cual se va a trabajar. Creo que todavía no nos conocemos bien, creo que en ese camino nos falta todavía andar un rato.

Y debo advertir entonces que el médico, en esa función de miliciano revolucionario, debe ser siempre un médico. No se debe cometer el error que cometimos nosotros en la Sierra. O quizá no fuera error, pero lo saben todos los compañeros médicos de aquella época: nos parecía un deshonor estar al pie de un herido o de un enfermo, y buscábamos cualquier forma posible de agarrar un fusil e ir a demostrar, en el frente de lucha, lo que uno debía hacer.

Ahora las condiciones son diferentes, y los nuevos ejércitos que se formen para defender al país deben ser ejércitos con una técnica distinta, y el médico tendrá su importancia enorme dentro de esa técnica del nuevo ejército; debe seguir siendo médico, que es una de las tareas más bellas que hay, y más importantes en la guerra. Y no solamente el médico, sino también los enfermeros, los laboratoristas, todos los que se dediquen a esta profesión tan humana.

Pero debemos todos, aun sabiendo que el peligro está latente, y aun preparándonos para repeler la agresión, que todavía existe en el ambiente, debemos dejar de pensar en ello, porque si hacemos centro de nuestros afanes el prepararnos para la guerra, no podremos construir lo que queremos, no podremos dedicarnos al trabajo creador. Todo trabajo, todo capital que se invierta en prepararse para una acción guerrera, es trabajo perdido, es dinero perdido. Desgraciadamente hay que hacerlo, porque hay otros que se preparan, pero es —y lo digo con toda mi honestidad y mi orgullo de soldado—, que el dinero que con más tristeza veo irse de las arcas del Banco Nacional es el que va a pagar algún arma de destrucción.

Si logramos nosotros, trabajadores de la medicina —y permítaseme que use de nuevo un título que hacía tiempo había olvidado—, si usamos todos esta nueva arma de solidaridad, si conocemos las metas, conocemos el enemigo, y si conocemos el rumbo por donde tenemos que caminar, nos falta solamente conocer la parte diaria del camino a realizar. Y esa parte no se la puede enseñar nadie, esa parte es el camino propio de cada individuo, es lo que todos los días hará, lo que recogerá en su experiencia individual y lo que dará de sí en el ejercicio de su profesión, dedicado al bienestar del pueblo.

Si ya tenemos todos los elementos para marchar hacia el futuro, recordemos aquella frase de Martí, que en este momento yo no estoy practicando, pero que hay que practicar constantemente: «La mejor manera de decir es hacer», y marchemos entonces hacia el futuro de Cuba.