Novios en otra vida

novios-en-otra-vidaPor Rodolfo Romero Reyes

Ellos fueron novios en otra vida, en otro tiempo. Él apenas había cumplido 20 años y ya se había vinculado a las luchas estudiantiles. Las cosas le resultaron un tanto difíciles. Asumió el gran reto de crear una organización estudiantil universitaria en un país donde no existía. Matriculó en Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad. Allí se destacó como líder estudiantil, aunque también sobresalía como deportista. En breve se dio a la tarea de organizar a los estudiantes, fue fundador y presidente de la Federación Estudiantil Universitaria. Entre sus propuestas más importantes estuvo la de crear una Universidad Popular inspirada en aquella fundada con anterioridad por Haya de la Torre, en el Perú.

Ella, por su parte, con una edad similar, arribó a la presidencia de una organización que ya existía. Fue elegida por el voto popular de todos los que militaban allí. Se había ganado el prestigio no por ser bonita e inteligente, sino por estar siempre en la primera fila de la manifestación, por ser resistente a los gases lacrimógenos y por, aparentemente, no temerle a los golpes, ni a la policía. Ser figura mediática, le vino con el tiempo. En los momentos actuales, los medios de comunicación lo amplifican todo; una líder estudiantil que defiende sus derechos enseguida se hace popular. Les molesta que sea firme en sus posiciones, les molesta que desde tan joven ya milite en las Juventudes Comunistas. Aun así, sale en televisión, porque los grandes monopolios no pueden ocultarlo todo, al menos no todo el tiempo.

Él, desde los inicios, tenía bien claro sus objetivos:

Pedimos participación en el gobierno universitario, a fin de fiscalizar toda reforma en los planes de estudio —base de las inmoralidades actuales—; depuración del profesorado, a fin de que sea apto moralmente y capaz para los empeños pedagógicos, y, por último, lo más fundamental, la autonomía universitaria. Sin ella, todo esfuerzo de reforma y perfeccionamiento será inútil. La realidad de nuestra situación comprende una lucha entre dos tendencias: la nuestra, creadora, activa, ansiosa de fórmulas nuevas, reclamando procedimientos modernos, atención a las doctrinas y a las ideas contemporáneas, y la de un profesorado caduco, integrado por viejos fósiles incapaces de quebrantar la venerable rutina.

Ella también era muy firme en sus planteamientos, quería fortalecer la educación pública y revertir el hecho de que las universidades se están convirtiendo en reductos de una élite social y económica. Un asunto que, aseguró, no sólo ocurre en las instituciones privadas.

Generar nuevos mecanismos de acceso a la universidad. Es importante que la Universidad dé el ejemplo en el sentido de terminar con la marginación de los alumnos de sectores vulnerables y que evalúe habilidades y talentos más que conocimientos. A nivel nacional, nuestro objetivo es consolidar una propuesta de reforma a la educación superior de carácter sistémico, que ponga como eje central la responsabilidad que tiene el Estado para con sus universidades. Ya es hora de que se haga cargo, porque las universidades públicas, realmente públicas, ya no existen en nuestros países.

Para multiplicar su voz, para llegar a todos los rincones de su nación, para sumar, el joven creó una revista, la llamó Alma Mater. Usó seudónimos: Zeus y Lord Mac Partland. Encarnó con valentía la voz de aquella juventud. «En política somos hoy los mismos, los estudiantes cubanos, los que ayer supieron protestar contra abuso y la intromisión filibustera en nuestros asuntos patrios, en virtud del derecho de la fuerza, no pueden cambiar”, y agregó: “Somos optimistas, confiamos en la victoria, nuestra juventud y nuestros ideales nos incitan a luchar y a triunfar».

La muchacha abrió perfiles en Twitter, Facebook, Instagram. Se creó un blog y allí escribió: «Proponemos una federación participativa y cercana a los estudiantes. Que sea representativa y heterogénea, fomentando la discusión, la participación y el trabajo constante, donde no primen las diferencias, sino la voluntad de avanzar. Que se proponga transformar la universidad, defender los espacios públicos e incidir en la sociedad».

Los dos fueron valientes, comprometidos con la idea de una universidad mejor, que se traduce a su vez en una sociedad más justa y equitativa. Cada uno fue fiel a su contexto.

Él insistía en la autonomía universitaria:

Es nuestra finalidad inmediata. Queremos una autonomía total, en la política, en lo administrativo y en lo económico. Mientras la Universidad esté supeditada a dependencias superiores, su marcha no se puede regular con esmero. Es preciso que las matrículas, que todos los ingresos de la misma, sean interiormente administrados. El Estado debe, tan sólo, como en todas las Universidades extranjeras, subvencionar a ese cuerpo docente. ¿Puede nunca una Comisión del Congreso conocer y aplicar los ingresos universitarios con la competencia con que puede hacerlo un claustro de profesores? La Universidad, manejando su dinero, sabe en la mejor forma en que deberá emplearlo.

Ella, en una educación pública, en el derecho a la libertad:

Apostamos al término del sistema de subvención, ya que los recursos tienen que estar enfocados en el sistema público. No se puede dejar en manos del municipio la entrega de recursos. Deben estar centralizados para que velen por el igual desarrollo de todos los establecimientos. Mayores recursos y mayor preocupación por la estabilidad de los profesores. Muchos tienen remuneraciones bajísimas, pésimas condiciones para impartir la enseñanza y, a pesar de eso, los han catalogado como los grandes culpables.

Los dos guiados —a riesgo de parecer ridículo y parafraseando al Che— por grandes sentimientos de amor, salieron a las calles a hacer la revolución, se manifestaron contra el gobierno, fueron reprimidos. Ambos supieron de huelgas de hambre, de compañeros de lucha asesinados por la policía, de boletines y propagandas clandestinas, de medios de prensa que intentaron sabotear y ocultar la realidad de las luchas estudiantiles, de gobiernos corruptos… de «asnos con garras».

De él, en una ocasión un periodista escribió:

Tiene simultáneamente la salud física y la consistencia moral. Su inteligencia parece circular libremente alrededor de los problemas más complejos. Habla con transparencia recortando cada periodo, ahondando en la materia acotada y extendiendo con incidental elocuencia sus observaciones precisas a los aspectos más ulteriores y diversos. Demuestra tener, pese a su voluntad, visión amarga del presente y visión óptima del porvenir.

El texto escrito en La Habana, en 1924, parecía que también hablaba de ella.

Vivieron tiempos muy parecidos, enfrentaron enemigos similares y defendieron los derechos estudiantiles con la misma pasión y energía, solo que lo hicieron en momentos diferentes, en países diferentes. En un pensamiento romántico y un tanto lírico, imagino cómo habría sido su historia si ambos hubiesen nacido en la misma época. Seguro hubiesen sido novios, amantes de la justicia y de la igualdad, enamorados de un mundo mejor, con todos y para el bien de todos.

Él se llamaba Julio Antonio Mella y murió asesinado por orden de un dictador que gobernó fraudulentamente en Cuba entre 1925 y 1933, quien llevaba por nombre Gerardo Machado.

Ella lleva por nombre Camila, Laura, Gloria, Karol, Dayanis, Sonia, Mónica, Judite, Celia, Isabel… No ha muerto, pero cada día corre el riesgo de ser abatida a tiros en una manifestación, secuestrada, desaparecida. No lucha contra un dictador, sino contra poderes oligárquicos, neoliberales, capitalistas, más difíciles aun de derrotar. Milita en diversas organizaciones estudiantiles de América Latina; la OCLAE es una de ellas. Es feminista, anticapitalista, guevariana, antimperialista y solidaria. La calle es su espacio de lucha; el socialismo, su meta más linda; la revolución, una actitud ante la vida.

 

Este texto aparece como epílogo en el libro «La revolución se hace en la calle. Una mirada al movimiento estudiantil latinoamericano», que pertenece a la colección Juventudes en Cuba, de la editorial Ocean Sur.

Nota: La foto que acompaña este texto fue tomada del blog areni-ya.blogspot.com.