Un correo desde Argentina

Por Rodolfo Romero Reyes

La busco en Facebook. Tiene unas fotos en la playa, rodeada de jóvenes con mucha alegría. Detrás la bandera de la FUA. Ella es su vicepresidenta. Le escribimos desde Cuba cuando a tiempo récord decidimos confeccionar este libro. Nos llega su correo. Se sobran las preguntas. Lo compartimos tal cual llegó. Es una entrevista peculiar, pero cumple su objetivo. Gracias Josefina Mendoza, no solo por el correo, sino también por las luchas.

La Reforma Universitaria de Córdoba: gesta histórica

En la Argentina de 1918 se gestó el hito más importante para el movimiento estudiantil del país y la región, hito que sentó precedente en el mundo entero: la Reforma Universitaria.

En la Argentina del 18 se vivía el primer gobierno democrático de la mano de Hipólito Yrigoyen, el cual significaba una apertura a la vida social y pública. Los trabajadores y la clase media habían alcanzado el poder y le habían ganado la batalla a la oligarquía conservadora. Nuevas ideas surgían al calor de la gran ola de inmigrantes que había comenzado a fines del 1800. Se respiraba democracia.

Aunque el país comenzaba a cambiar, la Universidad permanecía en manos del conservadurismo más puro y oscuro. La Iglesia y los intereses de la oligarquía nombraban docentes «a dedo» y definían los planes de estudio. La universidad era para unos pocos.

Los estudiantes de la Universidad Nacional de Córdoba, se levantaron contra el régimen impuesto en la casa de estudios y tomaron el gobierno de la misma exigiendo libertad de cátedra, participación de los estudiantes en la toma de decisiones (cogobierno), extensión universitaria, autonomía de las universidades. A través del «Manifiesto Liminar» quedaron plasmados los postulados de este hecho que marcaría para siempre, la historia de la Universidad en el mundo: «Recojamos la lección, compañero de toda América; acaso tenga el sentido de un presagio glorioso, la virtud de un llamamiento a la lucha suprema por la libertad; ella nos muestra el verdadero carácter de la autoridad universitaria, tiránica y obcecada, que ve en cada petición un agravio y en cada pensamiento una semilla de rebelión…».

El movimiento estudiantil latinoamericano

La Reforma influyó de alguna manera en todos los procesos de democratización de la universidad en los países de América Latina. Hoy, a casi cien años de aquel hecho, los desafíos son muchos en la región, sobre todo para el movimiento estudiantil.

Los estudiantes de nuestro continente siempre nos hemos caracterizado por protagonizar los grandes cambios políticos y sociales en nuestros países, sin embargo en ocasiones a muchos compañeros y compañeras los intentaron callar y se los juzgó por pensar distinto. Basta con recordar la Matanza de Tlatelolco o la Noche de los Lápices.

Hemos sabido unirnos y trabajar en conjunto solidarizándonos con las distintas realidades de la región pero, a veces, las diferencias ideológicas y de pensamiento, hacen que «achiquemos» la visión y no pensemos de manera integral. Quizás el mayor de los desafíos del movimiento estudiantil a futuro, sea construir sobre las diferencias para, unidos en la lucha, conquistar aquellos derechos que se nos han ido arrebatando o nunca obtuvimos.

El movimiento estudiantil en Argentina, hoy

Nuestro país actualmente vive una situación económica caracterizada por fuertes aumentos en los servicios básicos como luz, agua y gas así como en transporte público y alquileres, entre otras. Bien sabemos que esto es producto de la política económica tomada por el gobierno que dejó el poder en diciembre del 2015 (emisión monetaria sin límites, falta de estadísticas oficiales reales), pero también a causa de las políticas actuales.

Los últimos aumentos, bruscos y repentinos, sumados a los despidos en los sectores público y privado, repercuten directamente sobre el bolsillo de los trabajadores, en su mayoría precarizados (en Argentina más del 40 por ciento del empleo es precarizado).

Por supuesto que los estudiantes no quedamos exentos de dicha situación y día a día se dificulta permanecer en las aulas. En este marco, el pasado 12 de mayo salimos a las calles, docentes, no docentes, graduados y estudiantes con una consigna clara «en defensa de la educación pública»: por más presupuesto para nuestras universidades; por salarios dignos para nuestros docentes y no docentes; por la implementación de un boleto educativo, gratuito y universal; por más becas, residencias y comedores universitarios que garanticen el acceso, la permanencia y la graduación a nuestras casas de estudio; y por la derogación de la Ley de Educación Superior (LES) de corte neoliberal, con 20 años de vigencia.

El boleto educativo, gratuito y universal es una lucha histórica para el movimiento estudiantil en particular, y la comunidad educativa en general, pero que mantenemos en pie, por considerarlo una herramienta fundamental para que todos tengamos el mismo derecho de acceder a la educación pública en todos sus niveles.

Tal es así que, el pasado 27 de mayo realizamos una Jornada Nacional por el Boleto que nos encontró, a través de la unidad en la acción, trabajando por dar a conocer el proyecto de la Federación Universitaria Argentina (FUA) y con el propósito de generarle mayor visibilidad al reclamo.

Respecto de la Ley de Educación Superior (menemista), de corte neoliberal, nos hemos manifestado en oposición a la misma, desde su sanción. La LES vulnera la autonomía de nuestras universidades y limita la participación de los estudiantes en los órganos de gobierno y la toma de decisiones.

En el 2015 el Congreso de la Nación reformó parcialmente esta ley, agregando entre sus artículos, el ingreso irrestricto. Que la universidad no tenga cupos ni aranceles y todos podamos ingresar a ella, ha sido una bandera histórica de los estudiantes. Sin embargo, la reforma de la LES se hizo con fines meramente electoralistas y solo se le hicieron retoques que no la modifican estructuralmente.

La OCLAE y sus desafíos

Surgió como una organización continental de estudiantes para combatir el analfabetismo, por una educación de excelencia, por un continente con justicia social y antimperialista. En ese marco, ha sido protagonista y acompañó numerosos procesos de cambio en nuestros países, siempre desde la unidad en la acción.

Lamentablemente, muchos de los valores bajo los cuales nace la OCLAE, aun hoy son reivindicaciones de nuestro movimiento. El acceso a la educación pública es un derecho no adquirido para muchos niños y niñas de nuestros países y la educación superior sigue siendo en su mayoría arancelada.

Atendiendo al camino que nos queda por recorrer como movimiento estudiantil, es imperioso que podamos trabajar en unidad. La OCLAE debe fortalecer, a nuestro entender, su rol integrador y acompañar los procesos regionales, independientemente de las particularidades de cada uno.

En la región estamos ante una coyuntura que nos pone en alerta y nos llama a la reflexión. El golpe en Brasil, el proceso de paz en Colombia, la lucha por una educación pública y abierta al pueblo en Chile; son realidades a las que no podemos estar ajenos y debemos, como organización, hacernos eco de los reclamos de nuestros compañeros poniendo a la OCLAE en el centro de la escena.

Alguna vez dijeron «la única batalla que se pierde, es la que se abandona», por eso seguiremos en pie de lucha, por una América más justa e igualitaria. «Por los dolores que nos quedan, que son las libertades que nos faltan», así decía el Manifiesto Liminar.

Actualmente en Argentina la situación económica, tal como se mencionaba con anterioridad, es crítica y los aumentos de tarifas en servicios básicos, impactan directamente sobre el bolsillo de los estudiantes.

Las medidas tomadas desde el Ejecutivo Nacional, como la Tarifa Social Federal, no alcanzan. Por eso muchos estudiantes han decidido abandonar las aulas al no poder costear sus gastos para estudiar: apuntes, servicios, transporte público, entre otros.

El gobierno de Mauricio Macri, si bien justifica su política económica en la situación «heredada» del kirchnerismo, parece no interpretar que la crisis la seguimos pagando trabajadores y estudiantes, cuando quienes más se benefician son las grandes empresas nacionales y multinacionales. Esto lo refleja la medida tomada a principios de este año cuando se decretó la quita de retenciones a las mineras como la Barrick Gold, quienes explotan nuestros recursos sin dejarnos nada.

Lo paradójico, a nuestro entender, es que sea el kirchnerismo, bajo la figura de la ex Presidente, quien intente embanderarse detrás de las demandas sociales de los trabajadores. El pasado 12 de mayo, el kirchnerismo universitario marchaba «contra el ajuste y por más presupuesto», sin embargo el presupuesto con el que están funcionando las Universidades Nacionales es el que votó el Congreso de la Nación a fines del 2015, a propuesta del Ejecutivo Nacional (puntualmente del Ministerio de Economía, a cargo en ese entonces de Axel Kicillof) y con el que salían extremadamente beneficiadas solo un puñado de casas de estudio, las amigas del poder.

Pasando en limpio, no es el kirchnerismo la alternativa de izquierda ante las medidas que tomó o pueda llevar adelante el gobierno de Cambiemos. Haber gobernado el país durante 12 años y tener a tantos funcionarios acusados de corrupción, opacó todo aquello que sí se había conseguido en materia de reivindicaciones sociales tales como la Asignación Universal por Hijo (AUH).

La realidad es que en nuestro país el 40 por ciento del empleo sigue siendo precarizado; el sistema público de educación ha ido deteriorándose año a año y hoy, sólo la mitad de los chicos que empiezan la escuela primaria terminan la escuela secundaria. En cuanto al sistema de salud pública, muchos hospitales apenas si tienen materiales para trabajar y las obras sociales son centros burocráticos que manejan millones de fondos públicos pero poco solucionan a sus afiliados.

Estamos convencidos que la unidad en la lucha de estudiantes y trabajadores nos llevará por el camino correcto y exigiremos se ponga a la educación por sobre todas las cosas. El 2017 será año electoral en Argentina y probablemente se intente generar una situación de «bipartidismo» que opaque las luchas sociales representadas por partidos de izquierda o progresistas, está en nosotros atender a esto o mirar para otro lado.

 

 

Esta entrevista se publicó por vez primera en el libro «La revolución se hace en la calle. Una mirada al movimiento estudiantil latinoamericano», que pertenece a la colección Juventudes en Cuba, de la editorial Ocean Sur.

Movimiento nicaragüense revestido con claras ideas de cambio

Por Rodolfo Romero Reyes

Sus fotos en Facebook lo muestran alto, fuerte, de piel oscura. Parece de esos jóvenes que se toman las cosas muy en serio. Alegre, pero profundo, diría el Che. Su nombre es Calixto French Naar, integra el secretariado ejecutivo de la OCLAE en representación de la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN).

Esta organización, que integra el secretariado ejecutivo, fue la anfitriona del último CLAE, celebrado en Managua, Nicaragua, en agosto de 2014. Allí se debatieron asuntos relacionados con la educación, el movimiento estudiantil y la coyuntura política de la región latinoamericana y caribeña. Sesionaron a la par los encuentros de estudiantes secundarios y de mujeres estudiantes. Retornaba así el Congreso a Centroamérica, en un país con un gobierno de izquierda y que apoya las organizaciones estudiantiles.

Vía digital iniciamos esta conversación: ¿Qué herencia recibe el movimiento estudiantil nicaragüense en materia de luchas políticas?

La historia del movimiento estudiantil nicaragüense es muy rica en luchas y enfrentamientos. Nuestro país sufrió durante muchos años la dictadura de los Somoza. Unos de los hechos más indignantes fue la masacre perpetrada en la Ciudad de León. Jamás lo olvidaremos. Fue el 23 de julio de 1959. Los jóvenes manifestaron coraje, valentía, heroísmo, salieron a las calles en protesta por la Masacre de Chaparral (el 22 de junio de ese mismo año) y exigían la liberación de varios estudiantes detenidos. Fueron reprimidos de modo cruel por la guardia nacional de Luis Somoza Debayle. Ocurrió en la ciudad de León. Allí, una compañía de la Guardia Nacional, al mando del teniente Anastasio Ortiz, asesinó a cuatro estudiantes: Erick Ramírez Medrano, Sergio Octavio Saldaña González, Mauricio Martínez Santamaría y José Rubí Somarriba, quien era el presidente de la Asociación de Estudiantes de Medicina. Cientos de manifestantes resultaron heridos.

La revolución sandinista triunfa en 1979. Pero luego, en la década de los noventa, frente al gobierno de Arnoldo Alemán, se reanima la lucha estudiantil y se protagonizan fuertes luchas en las calles ante el bloque policial. En ese momento los gobiernos amenazaron con quitar el 6 por ciento constitucional[1] a las universidades en Nicaragua y que había sido una conquista de las luchas estudiantiles.

El 13 de diciembre de 1995, frente a la Asamblea Nacional, fueron asesinados el estudiante de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) Jerónimo Urbina y el trabajador administrativo Porfirio Ramos; por demandar el 6 por ciento para las universidades. Los estudiantes fueron atacados por la policía y las fuerzas antidisturbios. Hubo decenas de heridos. El 20 de abril de 1999 varios estudiantes de la carrera de Derecho tomaron las instalaciones del Banco Central de Nicaragua. En un intento de desalojo por parte de las fuerzas antidisturbios fue asesinado Roberto González (El Chino). Los años 95 y 99 fueron los de más fuertes enfrentamientos. Tuvimos muchos heridos y mártires, tanto estudiantiles como docentes. También hubo enfrentamientos durante el gobierno de Enrique Bolaños, anterior a Daniel Ortega.

¿Cómo describirías el movimiento estudiantil latinoamericano?

El movimiento estudiantil latinoamericano, en la actualidad, representa la máxima expresión de lucha revolucionaria y antimperialista en muchos países. Es un movimiento que se reviste de claras ideas de cambios, de una educación pública, gratuita, de calidad y progresista. Sus grandes fortalezas son la unidad por la que siempre se ha apostado, sus frecuentes reuniones, los mismos ideales compartidos y los sueños de la Patria Grande.

También tiene debilidades. Por ejemplo, no dispone de recursos económicos, tampoco tiene publicaciones, revistas, sus dirigentes son reprimidos y perseguidos por los gobiernos neoliberales.

En el área centroamericana, ¿cuál es el escenario de lucha que se vislumbra en estos momentos?

La región centroamericana arrastra una historia de gran riqueza de movimientos estudiantiles organizados y con mucho protagonismo, sin embargo, hoy esa historia está invertida. En la actualidad en Guatemala, la AEU ha tomado otro rumbo, ya no representan el interés ni la voz estudiantil en el consejo superior de autoridades universitarias. Según las diferentes representaciones de facultades de la Universidad de San Carlos de Guatemala, los representantes de la AEU están vinculados con actos ilícitos fuera y dentro de la universidad. Es decir, están siendo usados para otros fines.

Otro peculiar ejemplo de luchas incansables son los estudiantes de la UNAH. Es una acción diferente, en la que estos estudiantes a diario se enfrentan a la represión militar dentro y fuera de la universidad. La rectora no ha permitido que el movimiento estudiantil se organice, se acrediten legalmente como federación e integren el consejo universitario. Tanto es así, que permitió la injerencia militar en la Alma Mater, violentando la autonomía universitaria y los derechos estudiantiles.

¿Por qué lucha hoy el estudiantado nicaragüense?

La educación es el mayor sueño y anhelo de los jóvenes. La accesibilidad a los centros de educación superior en los años noventa era una incertidumbre para cualquiera en la Costa Caribe nicaragüense. Uno, porque era difícil transportarse al pacífico, y dos, porque había pocas oportunidades para los costeños. Estando claro que solo el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) brindaba las opciones de educación con becas nacionales e internacionales, me sumé como un instrumento de apoyo a la causa, y me convertí en líder estudiantil y militante de la misma.

En la actualidad en nuestro país la educación se conduce por buen camino. El gobierno de Daniel Ortega apuesta cada día por un crecimiento y una independencia económica. Uno de esos proyectos es el Canal Interoceánico.

Llevas cinco años directamente en el secretariado de la OCLAE. Cuéntanos un poco de tu experiencia.

Al inicio todo fue muy complejo para mí. Como encargado de la región centroamericana, conocía muy poco los movimientos estudiantiles y en algunos países de la región no existían organizaciones, era más bien efervescencia estudiantil no organizada.

¿Qué importancia tienen los congresos dentro del funcionamiento de la organización?

La OCLAE se ha presentado y demostrado como una organización muy unida, creíble y con suficiente capacidad de convocatoria a nivel internacional. Estos congresos trascienden más allá del ámbito estudiantil; concurren académicos, sindicatos, políticos, rectores, movimientos sociales. He ahí la esencia y riqueza de la declaración final. Los congresos siempre han sido el escenario perfecto para demandar, denunciar todas las crueldades, crímenes, genocidios y persecuciones que históricamente el imperialismo yanqui ha venido orquestando en nuestros pueblos de Latinoamérica.

Ustedes tuvieron la oportunidad de ser la sede del último CLAE. Cuéntanos sobre esa experiencia y sus principales resultados.

El CLAE de 2014 fue un momento importante. Logramos una buena cantidad de delegados y que hubiese representación de organizaciones centroamericanas a nivel de consejos ejecutivos y facultades. Eso logró una proliferación del movimiento estudiantil en el área y ahora mismo hay varios grupos organizándose como consecuencia del congreso.

Se celebró con mucha libertad y alegría. Los gritos y consignas se desbordaban en las conferencias magistrales, auditorios y en todas las actividades. Este evento tuvo una agenda bien completa y dinámica. En las mañanas eran las conferencias magistrales, después del almuerzo muchos se concentraban en los paneles de discusión de coyunturas políticas en los auditorios, mientras otros visitaban obras y proyectos sociales que impulsa el gobierno sandinista en todo el país. Los ejes temáticos que se abordaron fueron cuatro: a) Coyuntura política latinoamericana y del mundo, b) Educación, ciencia y tecnología, c) Movimiento estudiantil y d) Cultura, deporte e identidad latinoamericana. Fue un congreso muy concurrido, cumplió con las expectativas, y se acreditaron nuevas organizaciones estudiantiles.

¿Qué desafíos vislumbras para los próximos años?

En 2016 un reto será celebrar en La Habana, de forma masiva, el 50 aniversario de la OCLAE. Después, en 2018 realizar un Congreso que rebase cualquier expectativa, pues se cumple el centenario de la Reforma de Córdoba.

En materia de luchas un desafío será lograrla reivindicación estudiantil colombiana por el esfuerzo de la paz y conservar la unidad de todos los estudiantes latinoamericanos.

[1] La ONU establece que los Estados tienen que dedicar el 6 por ciento de su PIB anualmente a la educación. En la región casi ningún país cumple con esa mínima, solo Cuba la sobre cumple con creces, dedicando alrededor del 12 por ciento.

 

Esta entrevista se publicó por vez primera en el libro «La revolución se hace en la calle. Una mirada al movimiento estudiantil latinoamericano», que pertenece a la colección Juventudes en Cuba, de la editorial Ocean Sur.

Nos toca defender la democracia en Brasil

Por Rodolfo Romero Reyes

«A vida é combate, que os fracos abate,
que os fortes e os bravos só pode exaltar».

Gonçalves Dias

Rafa encaja en uno de los estereotipos de dirigente estudiantil latinoamericano. Es delgado, joven, pelo largo y enredado, chivo y bigote con un estilo bohemio y alternativo. Lo ves en la calle, caminando por su universidad, y dan ganas de conversar con él, saber que estudia, acompañarlo a una fiesta.

Puedes tropezártelo al frente de una manifestación estudiantil llevando bien en alto una bandera de la UNE de Brasil o de la latinoamericana OCLAE. Tiene un pulóver con la imagen de Chávez, pero no lo necesita para tener su ejemplo consigo día a día. Es un universitario orgulloso de la historia del movimiento estudiantil en su país. Solo bastaron unas preguntas iniciales para que diera rienda suelta a sus narraciones. Empezamos hablando de la historia del movimiento estudiantil y terminamos dialogando acerca de la realidad actual, difícil, compleja, que se vive hoy en Brasil cuando la derecha intenta hacer naufragar la democracia. Su nombre es Rafael Bogoni, y en representación de la UNE de Brasil, integra el secretario ejecutivo de la OCLAE.

El movimiento estudiantil brasileño tiene una larga historia de lucha. La primera experiencia de organización estudiantil a nivel nacional fue la Federación de los Estudiantes Brasileros, en 1901. En 1902 se crea la primera agremiación estudiantil en una escuela. En 1910 es realizado entonces el I Congreso Nacional de Estudiantes, en São Paulo. Tras varios intentos de crear una organización máxima nacional de unidad del movimiento estudiantil brasilero, en el día 11 de agosto de 1937 se funda la Unión Nacional de los Estudiantes (UNE). Desde ese momento su historia se mezcla con la de Brasil.

En sus primeros pasos, la UNE acompaña el surgimiento de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y se opone fuertemente al nazifascismo. La organización presionó mucho en las calles al presidente Getúlio Vargas para que luchara contra los avances de Hitler, Mussolini y sus aliados. La lucha en las calles de Brasil en contra de los integralistas (movimiento que apoyaba los fascistas e intentaba fortalecer esta ideología en Brasil) fue tarea permanente de la UNE. En 1942, se torna por ley en organización representativa de los universitarios brasileños.

En la década de 1940 los estudiantes universitarios y secundarios participaron con fuerte protagonismo y liderazgo de la campaña «O Petróleo é Nosso» (El petróleo es nuestro), donde nació Petrobrás, responsable por reivindicar el oro negro y las riquezas de nuestro suelo para el pueblo brasileño.

En este periodo, el 25 de julio de 1948, acontece el primer Congreso Nacional de Estudiantes Secundaristas, y se crea la Unión Nacional de Estudiantes Secundaristas (UNES), que en 1949 cambió el nombre para el actual, Unión Brasilera de Estudiantes Secundaristas (UBES).

En 1956, siendo Helga Hoffman la primera presidenta mujer de la UBES, los secundarios pararon la capital de Brasil con la «Revolta dos Bondes», en lucha contra el aumento de los precios del transporte público.

En 1961, las organizaciones estudiantiles tuvieron que garantizar la posesión del presidente João Goulart (Jango), tras la renuncia de Jânio Quadros. Mientras los estudiantes y el gobierno de Jango impulsaban la campaña por las Reformas de Base —esenciales para el desarrollo del país como la reforma educacional—, las élites prepararon el golpe civil militar que ocurrió en la madrugada del 31 de marzo para el 1 de abril de 1964.

Los años siguientes serían de fuerte resistencia de la juventud y los estudiantes.

En una gran marcha en 1968 fue asesinado el estudiante secundarista Edson Luís, mártir de la lucha contra la dictadura. En su funeral marcharon más de cincuenta mil personas en las calles.

Tras un largo periodo de clandestinidad, persecución, encarcelamientos, torturas, desapariciones, muertes, pero mucha resistencia y lucha, incluso a través de guerrillas, la UNE hizo su Congreso de reconstrucción en 1979. Seis años después volvió a la legalidad. La UBES hizo su cónclave en 1981, y también volvió a la legalidad en 1985.

En este periodo nace también la Asociación Nacional de Postgraduados (ANPG). Ellos también se organizaron en la clandestinidad. A finales de la década del ochenta, recorrieron el país haciendo la lucha por la ciencia brasilera y formando sus Asociaciones de Postgraduados por los estados.

Logramos entonces quitar la dictadura y, junto con los movimientos estudiantiles de muchos países de América Latina, dar fin al Plan Cóndor en nuestra región, volviendo a recomponer la democracia.

Al final de la dictadura en Brasil, en 1985, pedíamos las elecciones directas, con la consigna «Diretas Já» (Directas Ya). Después de 21 años pudimos elegir nuevamente un presidente.

Los estudiantes siempre tuvieron una importante posición en las elecciones presidenciales en Brasil y en los rumbos de la política nacional. En los periodos más recientes, tras la redemocratización, salimos a las calles en los mayores movimientos protagonizados por los estudiantes brasileros. Nuestro movimiento «Caras Pintadas», derrumbó a Fernando Collor de Melo. Millones de estudiantes empezaron la lucha en contra de los gobiernos corruptos neoliberales. La década del noventa estuvo marcada por mucha lucha en contra de los proyectos de privatización. En este contexto hicimos una fuerte campaña en contra de la mercantilización de la educación y el desmonte de la enseñanza pública.

Hacia 1999 el movimiento estudiantil lanzó la Primera Bienal de Arte y Cultura de la UNE. En el mismo periodo el Comandante Fidel Castro participó del Congreso de la UNE en Belo Horizonte, Minas Gerais.

Con el ciclo de gobiernos progresistas en América Latina, en Brasil una amplia alianza de fuerzas democráticas y populares puso en 2002 a un metalúrgico y sindicalista por primera vez en la presidencia del país, Luís Inácio Lula da Silva.

El gobierno de Lula comenzó con muchas movilizaciones y transformaciones en la educación. Los estudiantes se movilizaron en las calles y en las universidades, haciendo marchas y debates por la Reforma Universitaria.

El programa universidad para todos, garante de becas para estudiantes de baja renta en universidades particulares; el programa de reestructuración y expansión de las universidades públicas y el programa nacional de acceso a la enseñanza técnica, fueron de los primeros avances del gobierno.

También alcanzamos las cuotas para estudiantes negros, indígenas y de baja renta en la universidad pública y gratuita, y en un periodo más reciente también en los postgrados. En los últimos 15 años el movimiento estudiantil también se diversificó mucho, actuando hoy en movimientos de estudiantes negros, feminista, LGBT, entre otros.

En 2013 la UNE, UBES y ANPG tuvieron participación en las históricas movilizaciones de junio que pusieron millones en las calles por más derechos, reformas y cambios en las estructuras de la sociedad. Muchas y diversas banderas fueron fortalecidas como la reforma del sistema de movilidad en las ciudades; la lucha por la desmilitarización de la Policía Militar, herencia de la dictadura; la democratización de los medios de comunicación, todavía bajo monopolio de seis familias; la Reforma Política, con el cierre del financiamiento privado a las campañas electorales; entre otras.

Las organizaciones estudiantiles también lucharon y conquistaron en 2013 el estatuto de la juventud, garantizando más derechos a esta parcela de la población, cerca de 50 millones de brasileros, una cuarta parte de la población. En 2014 logramos que se aprobara la inversión del 10 por ciento del PIB en la educación en el Plan Nacional de Educación (PNE) hasta 2024, el 75 por ciento de los royalties del petróleo y el 50 por ciento del Fondo Social del Pré-Sal (fondo creado para la inversión pública social de los recursos del petróleo descubierto en las profundidades del mar, debajo de las camadas de sal, mucho más rentable que el común).

En 2015 fue el año de luchar en contra la reducción de la imputabilidad penal, y los intentos del Congreso Nacional más conservador de la historia del país de dañar los derechos logrados por la juventud. Los estudiantes secundarios, muchos inspirados también por el movimiento secundarista de Chile, tomaron más de doscientas escuelas en todo el país, actualizando el sentido de las tomas como herramientas de lucha, por una nueva escuela y un sistema educacional más incluyente y con más inversión de los estados.

En 2016 las tres organizaciones brasileñas (UNE, UBES y ANPG) que componen la plataforma continental unitaria de los estudiantes de América Latina y Caribe, están en fuerte lucha en contra del golpe que las élites quieren dar en Brasil. Un golpe que tiene objetivos claros: quitar derechos, entregar nuestras riquezas al extranjero, y poner al país una vez más bajo los mandos del imperialismo yanqui.

Nos toca defender nuestra democracia. La derecha en nuestro país intenta frenar un periodo de avances de derechos y conquistas de nuestro pueblo. Diputados y senadores involucrados con casos de corrupción intentan quitar definitivamente del poder a una presidenta contra quien no existe ninguna prueba de corrupción y que fue legítimamente elegida por 54 millones de brasileros. Un golpe hecho por las élites del capital financiero, industrial, los grandes medios de comunicación, sectores del judiciario, articulados con la derecha en otros países de la región. Todavía resistimos y vamos a seguir luchando por nuestra democracia, libertad, soberanía, en contra de cualquier tipo de represión y persecución a nuestros movimientos, militantes y nuestros pueblos. El movimiento estudiantil y social brasilero está muy unido, a través del Frente Brasil Popular y el Frente Pueblo Sin Miedo. Vamos a hacer marchas, actos y movilizaciones en todo el país, todas las semanas.

Los intentos de desestabilización influyen en muchos de los países de la región. En las ganas de tener al pueblo latinoamericano y caribeño bajo sus manos nuevamente. La derecha en nuestro continente, a servicio del imperialismo, persigue, reprime, mata, desestabiliza economías y sistemas políticos, quita derechos. Pero se olvidan que nuestros pueblos unidos son capaces de mover montañas, ya nos decía Martí que seamos unidos como la Plata en las raíces de los Andes.

La capacidad de unidad de acción de nuestros movimientos es el arma más fuerte que tenemos. Así es el movimiento estudiantil y social latinoamericano, grandioso, unitario, capaz de cambiar los rumbos de nuestra región. En este momento, en cada país, resistimos a los avances del conservadorismo, de los buitres y tiburones que quieren sacar nuestras riquezas.

La OCLAE siempre tuvo el rol de defender los derechos de la juventud, de los estudiantes y de nuestros pueblos. Siempre luchó por una educación pública, gratuita y de calidad, por una América Latina unida y solidaria, por la soberanía de nuestros países y en contra el imperialismo. Esta vez no podría ser diferente.

En los años que están por venir, la lucha antimperialista seguirá siendo una de las principales preocupaciones de la OCLAE y su red.

Nos acercamos al centenario de la Reforma de Córdoba. Las proclamas de aquellos estudiantes siguen actuales, es necesario relanzar el Manifiesto Liminar. Nos toca luchar y seguir soñando con un mundo mejor, más justo y solidario, una educación de calidad con libre acceso, y una tierra libre de opresiones imperialistas, fascistas, oligarcas o de cualquier tipo.

Esta entrevista se publicó por vez primera en el libro «La revolución se hace en la calle. Una mirada al movimiento estudiantil latinoamericano», que pertenece a la colección Juventudes en Cuba, de la editorial Ocean Sur.

El movimiento estudiantil colombiano y su aporte a la paz

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Por Rodolfo Romero Reyes

Por un email, leído por equivocación, supe que le decían Maleja. Su forma de escribir denotaba esa manera única de tratarnos entre camaradas, entre compañeros y compañeras, entre jóvenes latinoamericanos.

«Hola mujer, me disculpo contigo, realmente aquí la cosa ha estado de locos… te envío el escrito a partir de las preguntas que se habían enviado, espero sea de utilidad y no sea muy tarde 🙂 Un fuerte abrazo, cuídate mucho».

Así le escribía a la persona que nos había servido como intermediaria en esta entrevista a distancia. Debajo firmaba como María Alejandra Rojas Ordóñez y se identificaba como miembro de la Secretaría General de la FEU en Colombia.

Desde sus inicios, el movimiento estudiantil en Colombia y en América Latina ha sido motor de las luchas por la democracia, la soberanía y la paz. Sus dinámicas activas, creativas y en constante movimiento, le han permitido llevar en alto las banderas más justas de los pueblos de Nuestra América y articularse con los distintos sectores sociales y populares, bajo la comprensión de que una educación liberadora, que forje el pensamiento crítico y construya alternativas dignas, debe lograrse en compañía de toda la sociedad.

¿Qué consideras esencial en el engranaje de ese motor de luchas sociales?

Bajo realidades organizativas y políticas diversas, pero con una riqueza cultural, histórica, económica y grandes trayectorias de resistencia, el movimiento estudiantil de la región latinoamericana y caribeña ha concebido la unidad como premisa fundamental para alcanzar la soberanía de los pueblos. Es así como la OCLAE ha sido plataforma fundamental contra el imperialismo y un escenario de esperanza e impulso de las luchas estudiantiles en todo el continente. Esto ha permitido que se reconozca la educación como derecho fundamental, de carácter público, gratuito y de calidad, poniendo grandes obstáculos al avance de la mercantilización de la educación bajo la fórmula del neoliberalismo.

¿Cómo ha sido en particular el proceso de luchas en Colombia?

Aquí el escenario ha sido complejo. La violencia política que ha atravesado la historia del país y que se ha configurado en un conflicto político, social y armado de más de seis décadas, ligado a unas clases dominantes serviles a las grandes potencias mundiales, ha implicado por un lado, represión, persecución, amenazas y asesinatos de dirigentes de todos los sectores sociales y populares, y por otro, movilizaciones y luchas muy contundentes.

La violencia política por parte del gobierno y de los grupos paramilitares, ha posibilitado el avance y la consolidación del neoliberalismo a todos los niveles, con un grado de profundidad absoluto en el modelo educativo.

En las batallas por la autonomía y la democracia en las universidades, por el respeto a las libertades, por la defensa del pensamiento crítico, por la financiación estatal plena, por la vida, la paz y los derechos humanos, entre otras múltiples reivindicaciones, es que se ha forjado el movimiento estudiantil a lo largo de la historia del país.

Muchos han sido los intentos de construir la unidad. La creación de la Federación Universitaria Nacional en los años sesenta y setenta, fue uno de ellos. Esa organización se articulaba bajo el programa mínimo del 71, como horizonte de lucha para las y los estudiantes.

En fecha más reciente, otro ejemplo lo tenemos en la construcción de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE), como la principal expresión unitaria en la historia del movimiento estudiantil universitario, heredera de los planteamientos, las luchas, los acumulados de las generaciones anteriores y el escenario que arrojó valiosas ganancias para el grueso del movimiento social y popular colombiano. Entre esas victorias se pueden incluir la derrota de la Reforma a la Ley 30 (Ley General de Educación Superior) presentada por el Gobierno Nacional y la construcción de una propuesta de Ley Alternativa «Por una nueva educación para un país con Soberanía, Democracia y Paz».

Las luchas recientes del movimiento estudiantil y de la Federación de Estudiantes Universitarios, han tenido como centro la autonomía y la democracia universitaria, la defensa de lo público y la exigencia de financiación estatal.

El discurso de la calidad educativa del Gobierno Nacional dista radicalmente de la del movimiento educativo en su conjunto. La realidad ha sido que, tras derrotar la reforma del gobierno, este ha cambiado su táctica de implementación de la misma, a partir de reformas fragmentadas y de agudizar las crisis de las universidades de manera particular. Ello ha obligado al movimiento estudiantil a responder con dinámicas de movilización en cada una de las universidades. La idea es construir desde la base un movimiento fortalecido, democrático y sólido para continuar con la perspectiva que desde la MANE logró establecerse y avanzar en mayores niveles de unidad hacia una organización estudiantil unitaria en Colombia.

¿Cómo impactan en el movimiento estudiantil las negociaciones de paz con las FARC-EP y ahora con el ELN? ¿Habrá paz también en las calles?

En ese marco de disputas no sólo del movimiento estudiantil, sino del conjunto del pueblo colombiano, la posibilidad del avance del proceso de paz bajo sus dos mesas de negociación, tanto con las FARC-EP como con el ELN, trae consigo innumerables retos.

Este es un proceso de democratización del país y de cese de la violencia política, que lo había caracterizado a lo largo de su historia. Sin embargo, los cambios estructurales, las transformaciones necesarias en materia económica, política, cultural y social sólo podrán tener lugar a partir del fortalecimiento de los sectores sociales y populares y sus reivindicaciones.

No se trata pues de un pos conflicto lo que le espera a Colombia. Por el contrario, la conflictividad social se agudizará en un marco de movilización activa en las calles, sin que se asesinen y acallen las voces. Es por eso que este proceso abre una ventana de posibilidades hacia un largo camino aún por recorrer, en el que el movimiento estudiantil deberá jugar un papel preponderante en la consolidación de la educación como un derecho fundamental y un bien común.

 

Esta entrevista se publicó por vez primera en el libro «La revolución se hace en la calle. Una mirada al movimiento estudiantil latinoamericano», que pertenece a la colección Juventudes en Cuba, de la editorial Ocean Sur.

¿Faro eterno? El reto de presidir la OCLAE desde Cuba

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Por Rodolfo Romero Reyes

Durante 4 años fui dirigente de base de la Federación Estudiantil Universitaria de Cuba. De las distintas organizaciones políticas o de masas a las que he pertenecido, es con la que tengo mayor sentido de pertenencia. Sin embargo, tengo la percepción de haber escuchado muy poco de la OCLAE por aquel entonces. Cuando pisé su sede en La Habana ya me había graduado como periodista. Recuerdo que no entendía por qué dentro de nuestra organización estudiantil existía tanto desconocimiento sobre su concepción, estructura o funcionamiento.

La investigación para realizar este libro saldó algunas de mis deudas cognoscitivas, pero faltaban variables por despejar en esta ecuación. Por eso fui a conversar por espacio de una hora con Heidy Villuendas, presidenta de la OCLAE, miembro además del secretariado nacional de la FEU y estudiante de 5to. año del Instituto Superior de Relaciones Internacionales «Raúl Roa». Acababa de entregar su tesis de licenciatura que discutiría el mes próximo, colgar el teléfono con un dirigente estudiantil brasileño y ultimar detalles para el evento de estudiantes antiimperialistas que en dos meses se celebraría en La Habana.

En medio de tantas obligaciones, respondió a mi primera pregunta:

¿Qué une al movimiento estudiantil latinoamericano y en qué no se pone de acuerdo?

En cada país existen federaciones u organizaciones que aglutinan a los estudiantes. Cada persona tiene su manera de pensar, de concebir el mundo, a partir de sus experiencias y sus contextos. Por tanto, son organizaciones plurales, muy diversas entre sí.

No se puede decir que la OCLAE sea el movimiento estudiantil en América Latina. Es una organización que tiene dentro de sus organizaciones miembros, al movimiento estudiantil organizado más fuerte y más importante, pero no lo abarca todo, ni tampoco lo dirige. Agrupa a determinadas organizaciones y estas son las que tienen dentro de su membresía a los estudiantes. Es una organización de organizaciones.

Por eso no podemos hablar de un movimiento homogéneo. La plataforma se crea como una articulación del movimiento estudiantil ante una necesidad que hay—no digo que había porque existe hoy todavía— de articular las luchas del movimiento estudiantil en América Latina y el Caribe.

Nos unen las luchas por la educación. A casi 100 años de la Reforma de Córdoba, uno percibe que muchas de las reivindicaciones del movimiento estudiantil de aquellos tiempos, 1918, todavía siguen pendientes. Incluso, con matices peores, porque la educación hoy se concibe —con la honrosa excepción de Cuba, por supuesto—, como un negocio, como mercancía para la élite. Unos pocos se enriquecen a partir de esos negocios, no se garantiza el acceso libre a las universidades. Eso que dijo el Che en la Universidad Central de las Villas, que la universidad tenía que pintarse de mulato, de negro, de campesino, de obrero, eso no sucede en la América Latina de hoy, como tampoco sucedía en 1918.

Eso hace que las organizaciones que son parte de la OCLAE, y de forma general el movimiento estudiantil en América Latina, organizado o no, hayan identificado la necesidad real de unirse. Mencioné la educación en primera instancia porque es lo que nos une a todos por igual. Somos estudiantes. Sin embargo, nuestra lucha va más allá del reclamo por la educación. Nos unen otras cuestiones, muchas de ellas recogidas en los principios fundacionales de la OCLAE, como el antimperialismo.

Esa postura es común para todas las organizaciones, porque los estudiantes reconocen que las problemáticas que sufren se originan como consecuencia del sistema capitalista que impera en esos países. Cuba es el único país del área en el que se puede hablar de educación pública, gratuita y de calidad. Ese reclamo que hoy hacen desde diferentes lugares del continente, se logró materializar en Cuba a partir de una revolución socialista; una educación integral, no solo en la universidad, sino en todos los niveles de enseñanza. Eso de poner al ser humano en el centro de las transformaciones es esencial, no solo para comprender el mundo, sino también para transformarlo. Por eso ese sentimiento antiimperialista del que nació la OCLAE en 1966, se mantiene hoy.

¿En qué no se ponen de acuerdo?

Cuando se debate sobre la coyuntura actual, nos diferencia el posicionamiento que se asume dentro de la izquierda. Hay quien decide que los problemas se resuelven con una revolución armada. Otros abogan por protestar en las calles o exigir sus derechos en una mesa de diálogo con el gobierno.

Algunos tienen como meta que se respete el boleto educativo (que se traduce en un descuento en materia de transportación, alimentos y hospedajes para los estudiantes universitarios). Otros no defienden que toda la enseñanza sea pública, sino que las universidades públicas sean atendidas como corresponde por el Estado. Es ese posicionamiento que se toma al interior de las discusiones a partir de las realidades que se vive en cada país, el motivo fundamental de nuestra desunión.

Pero son más fuertes las cosas que nos unen, que las que no. Aunque sea diferente la lucha en Colombia, en Chile o en Brasil, al final hay un gran problema en la educación. A lo mejor es con más o menos intensidad, con expresiones más claras o con métodos más disfrazados, pero la realidad es que cuando el movimiento estudiantil sale a la calle, es reprimido. En muchos países de América Latina los estudiantes son perseguidos, sus vidas corren peligro, tienen que exiliarse, reciben amenazas a sus familias, son asesinados.

En épocas de las dictaduras militares nos unió el hecho de que en casi todos los países hubo mártires, héroes y heroínas del movimiento estudiantil. En la actualidad hay países en los que solo por salir a marchar corres el riesgo de ir a prisión. Recientemente en Colombia, por salir a marchar el primero de mayo, acusaron a 4 jóvenes de «falso positivo», término judicial en Colombia que se traduce en que, en lugar de demostrarte que eres culpable, el sistema asume tu culpabilidad y tú debes probar tu inocencia. Mientras eso ocurre, pasas el tiempo en la cárcel.

El contexto colombiano es uno de los más difíciles. Dirigentes estudiantiles durante un desayuno pueden ser registrados bajo sospecha de que sean terroristas. Ellos tienen grabaciones que registran por ejemplo cuando el rector de una universidad le está dando al jefe de un grupo paramilitar una lista de estudiantes supuestamente problemáticos, vinculados al activismo político o que pertenecen a organizaciones estudiantiles para que los amenazaran.

Allá también existe un escuadrón de antidisturbios. Son los que se enfrentan a los estudiantes en las marchas o cuando paralizan una universidad. Pueden intervenir violando incluso la autonomía universitaria. Pero esos muchachos son muy valientes y no se dejan intimidar; ponen en riesgo su vida por una causa común.

Al ser una organización de organizaciones, ¿cómo se da el sentimiento de pertenencia hacia la OCLAE a lo interno de cada organización?

Es un reto que los estudiantes tengan sentido de pertenencia con la organización; habría que lograr primero que la conozcan y que se reconozcan dentro de ella. Esa es una de nuestras aspiraciones en el marco del 50 aniversario. En el caso de Cuba, la FEU organizó un recorrido al interior de las universidades en el país, para darla a conocer. Antes existían las cátedras de la OCLAE y al menos en cada centro estudiantil había un estudiante que era el activista de nuestra organización, básicamente ese activista tenía una función divulgativa, sin tener en sus manos toda la información. A partir de los reordenamientos que han existido en la FEU y en la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM), ahora la vicepresidencia de la FEEM es quien atiende esta área y, en el caso de la FEU, se logró que la presidenta de la OCLAE integre el secretariado nacional.

¿Cómo se da ese diálogo entre la FEU, en su carácter de presidenta, y las otras organizaciones que integran la OCLAE?

Debemos estar siempre pendientes para que ningún cambio en la estructura de una organización en algún país implique una ruptura con la OCLAE. Puede suceder que dentro de esa organización no tenga lugar una continuidad feliz y haya una ruptura con la estructura anterior. Eso que pasa en Cuba, que el presidente saliente le entrega al anterior y prepara su relevo, eso no sucede en casi ninguna de las estructuras que integran la OCLAE.

¿Todas las organizaciones miembros pertenecen a universidades públicas?

En algunos países el movimiento no está unificado y hay varias organizaciones que representan al estudiantado. No todas las que integran la OCLAE son unitarias. Las que son miembros plenos, sí. Pero hay otras que se articulan en carácter de asociadas u organizaciones amigas, que es otra forma de asociarse; esas funcionan solo en alguna universidad dentro del país, ya sea pública o privada. En Venezuela, por ejemplo, pertenece a la OCLAE la Federación de la Universidad Experimental Simón Rodríguez, porque no existe una organización unitaria.

¿Qué ocurre cuando se fragmenta una organización estudiantil? ¿Pierde su membresía?

En la práctica suceden fragmentaciones y surgen nuevas organizaciones. A nosotros nos toca decidir, siempre y cuando la nueva estructura desee pertenecer a la OCLAE. En algunos casos, hemos seguido el criterio de que si un grupo no está de acuerdo con algo de su federación, tiene que tratar de asumir la mayoría, si en cambio decide salirse, está rompiendo también con la OCLAE.

En Colombia se dio el caso de una ruptura y, sin embargo, la nueva organización se incorporó a la OCLAE. Esa decisión la tomó el Congreso, bajo la premisa de unir y de articular.

Dices que solo el Congreso puede tomar esa decisión, ¿cómo se toman otras decisiones durante el periodo en que no sesiona el CLAE?

El secretariado ejecutivo debe estar reunido permanentemente. Antes los cuatro radicábamos en La Habana la mayor parte del tiempo. En la actualidad nos es mucho más fácil atender las cuatro regiones desde nuestros respectivos países y nos mantenemos en constante comunicación mediante las redes sociales en Internet u otras tecnologías. Esto no hubiera sido posible años atrás. Por su parte, el secretariado general, integrado por 17 organizaciones, se reúne entre congresos, dos veces al año como mínimo. A veces sucede que el congreso, aunque debe sesionar cada dos años según los estatutos, demora tres, cuatro o hasta cinco años en reunirse.

¿Cuán difícil es presidir estas organizaciones cuando la FEU se desenvuelve en un contexto muy diferente y cuando no se comparten los mismos métodos de lucha?

Eso no es difícil. Si algo ha garantizado que la FEU de Cuba continúe presidiendo la OCLAE —más allá de que hemos tenido la visión de buscar los puntos que nos unan y no los que nos dividan—, son los avances que tenemos en materia de educación. Cuando en América Latina se exige una educación pública, gratuita y de calidad, la FEU de Cuba es la primera que tiene moral para acompañar esas causas.

Ningún gobierno, ningún ministro de educación puede decir que no hay financiamiento, que no hay estructuras o que es imposible, porque hay un país que ha logrado hacerlo; a través de una revolución socialista, pero ha logrado hacerlo.

Los CLAE han avalado la legitimidad de la FEU de Cuba para mantenerse en la presidencia. De hecho, en el último congreso fue por unanimidad. Los jóvenes universitarios siguen viendo en nuestro país un paradigma. A esto hay que sumar la voluntad política que tiene la FEU y el gobierno cubano de que exista una organización como la OCLAE. Esa estructura no la tiene ningún otro sector dentro de los movimientos sociales, ni los campesinos ni los obreros, solo los estudiantes, y, en gran parte, es por la voluntad de nuestro país. Incluso cuando desaparece la Unión Internacional de Estudiantes (UIE), a raíz de la desaparición del bloque socialista, la OCLAE no dejó de existir.

Sobre las diferencias en los métodos de lucha, te diré algo. Esa diferencia de contextos te sensibiliza mucho más. El primer país de la región que visité como presidenta de la OCLAE fue Colombia. Conocer dirigentes estudiantiles con guardaespaldas, ver llegar a la líder de Unión Patriótica —un partido exterminado por la violencia y asesinatos masivos por parte del gobierno—, en un auto blindado, sentir el temor de que en cualquier momento puede ocurrir un atentado, son realidades muy distintas a la Cuba.

Hoy me llaman desde Chile para decirme que mañana organizarán una movilización. Al día siguiente la llamada es para informarme que después de separarlos con chorros de agua a presión, decidieron lanzarles gases lacrimógenos.

Vivir en Cuba, un escenario tan diferente, te hace sensibilizarte más. Que no nos suceda a nosotros, no quiere decir que no haya sucedido antes. La historia no se debe olvidar bajo ningún concepto. La FEU en Cuba antes del triunfo de la Revolución pasó por momentos similares a los que se viven hoy en otros países. Aquí corrió la sangre de los estudiantes y no solo en la Universidad de La Habana. Enfrentamos crueles dictaduras, la de Machado, la de Batista.

¿La historia de la FEU es similar a la de otras organizaciones?

Cuando la FEU se funda en 1922 —ni siquiera como una federación con carácter nacional, porque se organiza primero en la Universidad de La Habana y luego en otras provincias—, al igual que en otros países, defendíamos la idea de la Reforma Universitaria, exigíamos la autonomía. El propio Julio Antonio Mella fundó la universidad popular José Martí. Esas eran las luchas de la FEU.

¿Cómo respondió el gobierno? Represiones, encarcelamientos, asesinatos. La FEU tuvo que funcionar en ocasiones de forma clandestina, incluso se vio obligada a crear además el Directorio Estudiantil Universitario, como el brazo armado de esta organización.

Era la época en que la policía decidía entrar a la universidad y coger presos a un grupo de estudiantes sin ningún motivo.

Solo los sectores más influyentes mandaban en la universidad y tomaban medidas que beneficiaban a unos pocos. El profesorado no respondía a los intereses de los estudiantes.

La lucha de la federación no solo se centraba en atender las problemáticas de la universidad sino que se preocupaban por otras cuestiones que afectaban a la sociedad en Cuba. Sentían que era necesario encausar una lucha armada para solucionar esos males sociales. Había que defenderse de las dictaduras y las fuerzas represivas. Por eso, en la Carta de México —cuyo aniversario 60 se cumple en agosto de este año—, nos unimos como movimiento estudiantil al Movimiento 26 de Julio y, en 1957, asaltamos el Palacio Presidencial para ajusticiar al dictador Fulgencio Batista.

Toda esta realidad se transformó con el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 y la Reforma Universitaria en 1962. Se diseñó una estructura y una universidad en la que existe un consejo de dirección que toma las decisiones con la presencia, participación y aprobación de los estudiantes. Y ese espacio lo tiene la FEU a nivel de brigada, facultad, universidad, e incluso, a nivel de país.

En esencia, cambiaron los métodos para exigir nuestros derechos, pero debemos seguir siendo una FEU rebelde, que represente los intereses de su membresía. La posibilidad de que en un Consejo de la FEU participe el primer vicepresidente del país o el ministro de Educación Superior, y que los estudiantes puedan manifestarle directamente sus insatisfacciones, no la tienen los estudiantes en ningún país de América Latina. Eso nos tiene que dar una visión de lo que tenemos hoy y de lo que podríamos perder en caso de revertirse el proceso revolucionario.

¿Cuáles identificas como principales debilidades del movimiento estudiantil en América Latina?

Si una debilidad tiene es el fraccionamiento al interior del movimiento. No podemos seguir debatiendo sobre en qué lugar nos vamos a posicionar para lograr las metas, sino centrarnos en qué hay que hacer, sin importar los posicionamientos, para lograr esas metas. Los esfuerzos tienen que ponerse en función de eso y no en otras discusiones.

Otra debilidad grande es que, en los momentos actuales, se hace muy difícil que los estudiantes se enfoquen en su entorno social. Las nuevas tecnologías, si bien nos facilitan muchas cosas, también sirven para enajenar, para que el estudiante no se preocupe si aquel puede comprar la comida o entrar en la universidad. Él ya está adentro, su única preocupación es graduarse.

Ese individualismo lo reproduce el propio sistema capitalista. Es para nosotros un reto lograr emancipar a ese ser humano y que no se continúe reproduciendo el individualismo. Alrededor de cada estudiante hay una sociedad que transformar.

¿Metas inmediatas?

Dar a conocer la OCLAE, lograr visibilizarla al interior de las organizaciones e incrementar su sentido de pertenencia. A 100 años de la Reforma de Córdoba, reivindicar los principios fundacionales: unidad, solidaridad y antimperialismo. Nos hace falta más movilización, organización y participación, si en verdad queremos hacer frente desde el movimiento estudiantil a la ofensiva que tiene la derecha y el imperialismo ahora mismo en América Latina.

Esta entrevista se publicó por vez primera en el libro «La revolución se hace en la calle. Una mirada al movimiento estudiantil latinoamericano», que pertenece a la colección Juventudes en Cuba, de la editorial Ocean Sur.

Mis verdades tienen que ir más allá

Camilo Santiesteban Torres, ingeniero químico.

Camilo Santiesteban Torres, ingeniero químico.

Por Yohana Lezcano y Rodolfo Romero

Con una mezcla confusa de desconcierto y libertad en su rostro, tras haber solicitado oficialmente la baja laboral de su centro de trabajo, donde se desempeña desde que se graduó de la CUJAE hace cinco años, Camilo habló con nosotros a camisa quitada. Agobiado por la situación económica actual, sus responsabilidades con sus padres y con la familia que quiere o pretende formar, con una visión romántica, casi en peligro de extinción, del proceso revolucionario en Cuba, este joven –que lleva su nombre en honor a Camilo Cienfuegos por haber nacido un 29 de octubre– nos habla acerca de cómo siente a Cuba hoy y cómo la pretende mañana.

El paso de la adolescencia a la juventud yo apenas lo percibí. Salí del preuniversitario directo para la universidad. En primer año de Ingeniería Química, con diecisiete años, me sentía todavía un adolescente. Creo que fue a finales de segundo cuando empecé a tener conciencia de que yo era joven y que estaba adquiriendo cierta adultez. Hasta ese entonces era como cualquier adolescente. Por tanto, casi nunca hacía reflexiones profundas acerca de nada.
Mi inteligencia emocional tampoco había crecido lo suficiente. Mi familia no tenía muchos recursos, vivíamos en una situación económica media tirando para mala. Mi «día cero» era graduarme, no tenía planes de futuro. Mi único objetivo era culminar la carrera. No fui ni un santurrón ni tampoco un parrandero. Por suerte, académicamente siempre me comporté bastante bien.
La vida universitaria, la beca y el hecho de convivir con personas de diferentes provincias, con distintas costumbres y modos de tratar a los demás, para mí fue una gran escuela. Yo nací en La Habana, y mi familia, que vive aquí desde los años ochentas, me dio una educación tradicional, al estilo oriental, pero a la vez, correcta, educada, profesando un gran respeto hacia la mujer. Entonces la universidad me hizo incorporar una visión distinta.
No creo que tenga que ver exclusivamente con una pérdida de valores, sino con las costumbres y las normas de comportamiento de diferentes provincias. Los pinareños eran de una forma, los habaneros de otra, los matanceros… Igual, todo aquello me era indiferente, mi plan era graduarme, incluso mis noviazgos no los veía como algo de larga duración.
Después que me gradué llegué a la vida laboral con un nivel de realismo enorme, con sueños, ideas, y estaba dispuesto sobre todo a escuchar. Me di cuenta que tenía que aprender, tanto en lo personal–emocional como en lo laboral–académico. Ahí surgió otra cosa. Uno de los problemas de los métodos de educación en Cuba es que los alumnos no llegan a visualizar el contenido y no le ven la aplicación práctica a lo que están haciendo.
Entonces, cuando empecé a trabajar, me di cuenta de que estaba perdido. No sabía llevar a la práctica mis conocimientos. Ese es uno de los problemas que tenemos los jóvenes una vez que nos graduamos.
Otro es la situación económica. Uno, como cualquier profesional que desea tener éxito, se propone por un lado la superación, pero la remuneración de aquellos que estudiamos no es buena a veces. Entonces algunos piensan: «¿Para qué voy a estudiar si de todas maneras no lograré ser exitoso?».
Ahora la entrada de información no es tan poca como solía ser antes. El acceso a diferentes materiales de factura extranjera, te permite ver lo mejor de cada industria y de cada rama. Así, es normal que las personas empiecen a hacer comparaciones. Y cuando uno se compara, pocas veces lo hace con la visión de que somos un país tercermundista.
Los jóvenes de nuestra generación tenemos padres con edades que oscilan entre los cuarenta y nueve y los cincuenta y cinco años. Personas adultas que a veces tienen achaques y problemas
de salud. Hay algunos que se complican con los padres enfermos y tienen que mantener su casa económicamente. Entonces se ven obligados a postergar sus planes de formación profesional.
Existe también otra problemática muy seria: el fondo habitacional de la población está muy deteriorado. Entonces el poco dinero que uno se busca es para reparar la vivienda o para retribuir el sacrificio que hicieron nuestros padres.
En estas circunstancias resulta muy difícil, cuando se habla de planes futuros, pensar en crear una familia. El matrimonio es complicado, hasta las bodas son caras. Luego, te casas, y no tienes una vivienda para ti y tu pareja. El idilio juvenil que marcha muy rápido hasta los veintidós años, desaparece cuando tienes veinticinco o veintiséis, y estás insertado en el mundo del trabajador estatal.
Gracias precisamente a los logros que tenemos en Cuba, en materia de educación, en condiciones promedio, cualquiera que nazca en Cuba avanza muy rápido hasta los veintidós años: primaria, secundaria, pre y universidad. Tal es así que uno piensa que puede seguir avanzando de la misma manera. Entonces, cuando empiezas a trabajar, te das cuenta que eso no va a ser así.
Ante este escenario, ¿cuáles son las alternativas que hemos encontrado para forjar nuestro futuro?
Un grupo importante ha decidido irse del país y eso es muy triste. Actualmente ya no es que exista «robo de cerebro» sino una fuga voluntaria, lo cual es mucho peor. La mayoría son profesionales que tienen familia en el exterior, y otros se van a probar suerte o mediante contratos de trabajo. Salen, como se dice en la calle, «a lucharla». Generalmente, los profesionales buscan contratarse en lo que se formaron, aunque tengan que hacer algo temporal como trabajar en un bar o en determinado servicio público.
Con todas las nuevas leyes y aperturas, otros argumentan que ya no es factible irse definitivo del país. Lo mejor es trabajar fuera del país y hacer cierto capital para luego retornar. La idea es hacer un negocio o mantener un contrato de trabajo, estar fuera la mayor parte del tiempo posible, pero venir a Cuba de vacaciones y ayudar a la familia.
En los más jóvenes hay más ímpetu, por tanto, el impacto lo ven menos fuerte. Tienen tiempo para asimilar los contratiempos, y el espíritu para adaptarse. Es una pena que el Estado no sea más inteligente para aprovechar todo ese potencial en el desarrollo de lo que llamamos la empresa estatal socialista.
Si queremos socialismo tenemos que fortalecer la empresa socialista, pero es una pena que sea el sector privado el que utilice esa fuerza calificada de forma más eficaz y eficiente, y es increíble que tengan recursos para pagarle mejor que el Estado. Por eso, la motivación laboral para muchos está en el sector privado.
Ahora mismo acabo de pedir la baja de mi centro laboral. Aunque suene irrealizable, yo realmente creo en el proceso socialista y quisiera volverme un profesional exitoso, y más que eso, una persona exitosa. Tener una familia, tener una casa propia –no la de tus padres–. No tiene que ser una mansión, pero que te permita tener una familia funcional, con independencia y estabilidad económica. Es difícil ver cómo en una casa los problemas económicos se hacen tan acuciantes que hacen que se desestabilicen emocionalmente los que en ella viven. Es muy doloroso ver que no puedes darle a un hijo lo que él necesita desde el punto de vista material. Obviamente, quisiera ser competente, pero dentro de mi país.
Ahora, para eso estaría dispuesto a buscar ese éxito afuera y después volver. Como dice Nancy Morejón, «…la Patria no se lleva en la suela de los zapatos». A nuestra generación nos formaron como personas que debemos retribuir todo lo aprendido en la sociedad. Sin embargo, si en Cuba no puedo triunfar, me iré a buscar fortuna, pero para siempre volver.
Yo estoy con una muchacha con la que quiero formar una familia. Nuestras familias son normales, cada cual en su casa, cuatro personas en cada una, todos trabajan con un salario promedio y no se dan casi ningún lujo. Con lo que tenemos hoy no podemos ni siquiera arreglar nuestro cuarto, mucho menos soñar con casa propia. Así que si tuviera que escoger entre ejercer mi profesión y otro trabajo que me genere dividendos, escogería un trabajo que me remunere y me permita resolver al menos más del cincuenta por ciento de mis necesidades actuales. Lo haría por un espacio de tiempo determinado, y luego volvería a ejercer mi profesión, porque lo que no podría ser nunca es un profesional frustrado.
Tampoco quisiera frustrarme políticamente. Hace un tiempo atrás yo no tenía muy claro lo que era ser militante de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), mucho menos le metía cabeza al hecho de ser de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM) o la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). Simplemente yo hacía y cumplía con lo que me habían dicho que estaba bien y era lo correcto. Yo reproducía determinada conducta, y no indagaba en el porqué de la militancia. Un día alguien me increpó: «¿Por qué tú defiendes la Revolución? ¿Por qué dices que eres un joven comunista?». Esa conversación fue en la CUJAE. No olvido sus dos últimas preguntas: «¿Tú sabes lo que es el comunismo? ¿Te has leído siquiera el Manifiesto Comunista?». Las dos respuestas fueron «No» y «No».
Yo tenía naturalizado que eso era lo que estaba bien, ser militante. Pero a partir de ese momento empecé a buscar otros argumentos más allá de la educación y la salud gratuitas, o la comparación «antes del 59 y después del 59». Me di cuenta que aquellos, aunque eran argumentos reales –que hay que tenerlos presentes y no se deben olvidar–, no eran mis verdades.
Hoy entiendo que esta sociedad, que se ha formado con el tiempo, es la mejor. Es cierto que fuimos malísimos aplicando estrategias económicas, pero en cambio hemos alcanzado un alto índice de instrucción y de justicia social. La voluntad política del gobierno siempre ha sido buena. Sí, porque un gobierno que te pone una computadora para tres niños en la punta de una loma, no puede ser un gobierno malo. Existen los errores y todo el mundo los conoce, pero hay que mirar un poco más allá. Uno habla sobre estos temas y mucha gente piensa que es «muela» o que uno está vacío y no tiene estos compromisos. Pero son realidades que nadie te puede negar.
Mis verdades, tienen que ir como las de mi generación, un poquito más allá. Un socialismo que se traduzca en oportunidades para todos. Yo quiero un país donde las personas puedan caminar con el orgullo de haber nacido en Cuba. Cubanos que se sientan identificados con sus valores, que vean la continuidad histórica de la Revolución en su día a día, que se les ericen los pelos cuando hablen y reconozcan el sacrificio de nuestros padres y abuelos. Yo quiero formar parte de un país que prospere, dentro de un sistema mucho más justo y donde la gente sea feliz.

Esta entrevista se publicó por vez primera en el libro «Narrar Cuba. Sueño joven de un país», que pertenece a la colección Juventudes en Cuba, de la editorial Ocean Sur.

La guerrilla de bloguer@s

Blogueros cubanos en el río Toa, el más caudaloso de Cuba.

Blogueros cubanos en el río Toa, el más caudaloso de Cuba.

Por Yohana Lezcano y Rodolfo Romero

La siguiente entrevista tiene el ruido de las teclas, el sabor a selva y a río, un olor innegable a post. ¿Qué es un post? Preguntarían los que no son «nativos digitales». La respuesta más sencilla: todo lo que se publica en blogs y redes sociales en Internet. István Ojeda tiene una bitácora que lleva por nombre Cuba izquierda. Hicimos un trato: como respuestas a nuestras preguntas, él escribiría un post. Si el libro finalmente se publica, es decir, si usted lo está leyendo ahora, este bloguero de Las Tunas publicaría estas líneas en su espacio digital, a disposición de miles de usuarios que quizás no puedan acceder a la versión impresa. Sería una manera más de mezclar estos mundos tan unidos irremediablemente: el virtual y el off line. En la «Guerrilla de Bloguer@s» participan, dos veces al año, alrededor de cuarenta jóvenes de diferentes provincias del país. A diario interactúan entre ellos virtualmente. En ocasiones participan en iniciativas en espacios físicos como «La suelta de libros» (para promover la lectura y el intercambio de volúmenes) y «Una ronda por Teresita» (en homenaje a Teresita Fernández). Después de subir el Turquino en julio de 2012, han realizado excursiones comunitarias a El Nicho, la Ciénaga de Zapata, el Valle de Viñales, Topes de Collantes, la ciudad de Camagüey y Baracoa, además de un encuentro–taller que celebraron en el Centro Memorial Martin Luther King Jr. Por eso, si usted no tiene acceso o no ha consultado todavía este blog, le adelantamos que se ve de la siguiente manera:

UNA HISTORIA CON MUCHOS CAMINOS

Por István Ojeda

Quizás lo mejor que tiene esta historia es que nadie puede adjudicarse absolutamente la autoría de un guión único. Así que, seguramente, cuando preguntas ¿cómo y cuándo surgió la guerrilla de blogueros?, te sorprenderán las diversas maneras de contarlo.
El consenso estaría en que, en el ascenso al Turquino, «esta cosa» ya se hizo material, pues hasta entonces había discurrido por las fi bras ópticas o las líneas telefónicas que soportan la red en Cuba. Yo, como en muchas otras cosas de la vida, llegué sin tener una idea clara de qué era eso en lo que me estaba metiendo. Fue la fe en Karina (bloguera de Holguín) el motivo sufi ciente para enrolarme en la expedición que suponía era únicamente para vencer el reto de llegar hasta la montaña más alta de Cuba.
Con el tiempo, fui descubriendo el valor, hasta sentimental si se quiere, de tener un blog y de hacerlo con un sentido menos panfl etario, pero defi nitivamente mejor. Eso lo comencé a aprender bajo las estrellas de la ruidosa y hasta agresiva playa de Río la Mula; andando los incógnitos senderos de Los Morones y hasta perdiendo el aliento, montaña arriba, hasta quedarme a solas con José Martí, a 1 974 metros sobre el nivel del mar.
Luego, la guerrilla comenzó a tener conciencia de sí misma en la red, en los intercambios en el chat que alimentaron las ganas de encontrarnos otra vez en algún lugar de la Isla. Porque ese es otro de los valores: hemos visto al país con otros ojos. Puedo asegurar que en los últimos tres años he recorrido más kilómetros que en el resto de mi vida y si hoy puedo dar fe de cómo viven los cubanos más allá de la patria chica, ha sido gracias a haberlos visto con la mirada de la gente que suda y casi siempre anda a pie.
Hay quien dice que solo somos un grupo de gente que «turistea » cada seis meses o más. Tal vez tengan razón, pero cada vez que cuento cómo lo hacemos: juntando los pesos uno a uno, durmiendo donde se pueda (unas veces mejor que otras), nacionales y foráneos se asombran de lo que hemos logrado.
Somos un grupo variopinto donde los periodistas somos unos pocos. Nos unen las ganas de contar lo que nos pasa y lo que le ocurre al país. Debatimos y nos damos el lujo de no estar de acuerdo los unos con los otros. Así que la organización a lo interno ha ido creciendo paulatinamente. Más de una vez, hay que decirlo, nos han acechado fantasmas que casi nos inmovilizan.
Si tuviera que establecer los principios, me guiaría por aquello que escribió la Tunie (se refiere a la bloguera camagüeyana María Antonieta Colunga) en un papelito allá en el Centro Martin Luther King Jr.:

Somos una comunidad espiritualmente joven, conectada por lazos de amistad y por la pasión común de escribir de la Cuba que vivimos a diario, con sus luces y sombras. Somos, por tanto, diversos en materia de geografía, lenguajes, prioridades temáticas, tempos editoriales, tonos… Pero en esa diversidad feliz que resulta de la combinación de nuestras individualidades y que respetamos con celo y animamos con gozo, algo nos imanta y nuclea invariablemente: la intención de que nuestros mensajes respalden la soberanía y la justicia social de esta nación que ampara los sueños que nos mueven. Nos une por encima de todo el amor a Cuba, que es también a pequeña, pero imprescindible escala, el amor que existe entre nosotros, y un irrenunciable optimismo por los futuros individuales y colectivos hacia los que enrumba este país donde hemos elegido echar vida y letras.

Aprendimos que las institucionalizaciones no son siempre necesarias, o al menos no al estilo que conocíamos, y que el antídoto para sobrevivir, creo, ha estado en que los liderazgos no han sido impuestos, sino sobre la base de confiar y compartir valores o principios, descubriéndole a cada cual sus capacidades. Igual, no hemos estado exentos de planes no declarados de hacerse con el control o el crédito de la obra común. Pero, al menos, siempre hemos conservado la lucidez suficiente para, no sin algunas heridas y exabruptos, seguir adelante.
El futuro de la guerrilla, como el de Cuba, es un enigma, porque está sujeto a muchas variables. Tal vez con los años, los hijos, los proyectos de vida individuales, llegue el día en que ya no podamos reunirnos como ahora. Pero con la misma fe en que seguí a Karina para subir al Turquino, seguiré creyendo que es posible mantenernos cerca al menos por la red y juntarnos de a poquitos y crear, entre todos, un país mejor, que pasa por ser también mejores cada uno de nosotros.

Esta entrevista se publicó por vez primera en el libro «Narrar Cuba. Sueño joven de un país», que pertenece a la colección Juventudes en Cuba, de la editorial Ocean Sur.