Marlen y «el escaramujo»

Marlen, Ana María y Mavis, durante un taller del Proyecto Escaramujo.

Marlen, Ana María y Mavis, durante un taller del Proyecto Escaramujo.

Por Yohana Lezcano y Rodolfo Romero

Hace más de cinco años, un grupo de estudiantes, profesores y egresados de las carreras de Periodismo, Comunicación Social y Psicología de la Universidad de La Habana, comparten sus sueños y frustraciones con adolescentes en desventaja social, con conductas desajustadas o que han cometido hechos que la ley tipifica como delito.
Porque viven de preguntar y cada día hacen del saber un proceso compartido y no un lujo, por la voluntad de no dejar perder la capacidad de soñar de decenas de adolescentes y hacerlos reconocerse como personas útiles, con posibilidad de construir un futuro diferente, quienes encarnan el proyecto Escaramujo son seres humanos de bien.
Esa es la mejor forma de presentar a Marlén Berrio Álvarez, quien ha coordinado ya varios talleres con adolescentes en La Habana, Matanzas y Camagüey, experiencias que articulan a la educación y la comunicación en una relación dinámica, crítica, emancipadora, que tiene como razón de ser la concepción y metodología de la Educación Popular.

Nos proponemos contribuir a los procesos políticos y pedagógicos de formación integral de adolescentes en Cuba. El proyecto se siente parte de la Red de Educadoras y Educadores Populares y colabora estrechamente con el Centro de Intercambio y Referencia Iniciativa Comunitaria (CIERIC) y el Centro Memorial Martin Luther King, Jr.
La idea de crear este proyecto la tuvo un estudiante de Periodismo en el año 2010. Una frase de José Martí sirvió de inspiración en aquel entonces: «Al venir a la tierra, todo hombre tiene derecho a que se le eduque, y después, en pago, el deber de contribuir a la educación de los demás». Hoy, somos un puñado de jóvenes que, sin que medien directivas institucionales ni existan jefes que dicten lo que se debe hacer, somos capaces de organizarnos para emprender este trabajo comunitario y de extensión universitaria.
Desde esta lógica, fomentamos la participación y el diálogo. Trabajamos esencialmente en escuelas de conducta de diferentes provincias del país o en escuelas secundarias de la capital.
Aunque es un proyecto de educación desde, en y para la comunicación, está orientado hacia la transformación social. Por tanto, su fin no es solo desarrollar habilidades o competencias comunicativas, sino utilizar estas herramientas para motivar, incidir, estimular, e incluso, registrar posibles cambios en las prácticas sociales tanto a nivel individual, grupal, escolar o comunitario de los adolescentes que cursan nuestros talleres.
Trabajar con adolescentes resulta muy complicado. A veces son muy indisciplinados y la sacan a una de quicio. Otras, compiten entre ellos a ver quién sabe más o quién es el mejor. Recuerdo que una vez una adolescente nos preguntó si en el video que filmarían, se podía hablar del Renacimiento italiano. Son cosas que no te esperas.

La creación audiovisual es un proceso motivador bajo el cual, quienes lo construyen, tienen la posibilidad de sentirse y ser protagonistas de la obra. Este empoderamiento, que atraviesa siempre a experiencias de este tipo, se produce en la medida que se revierten las lógicas educativas tradicionales. ¿Cómo esa plataforma se utiliza para motivarles a pensar, a contar?

El taller les ofrece variantes de productos comunicativos y casi siempre escogen hacer un audiovisual como ejercicio final; quizás por ser el que les permite actuar y utilizar audios, fotografías, contar sus historias, les resulta siempre el más atractivo. A partir de ahí, ellos empiezan a pensar y a diseñar su propio audiovisual, una siempre les da opciones y les ayuda a enriquecer su propuesta, pero evitando manipularlos o imponer algún criterio o idea. Se vuelven directores, productores, camarógrafos, y ellos mismos se distribuyen los roles.
Muchos de los ejercicios que diseñamos también van acompañados de un audiovisual que nos ayude a reforzar el tema a discutir. Cuando son temas complicados nos dividimos en subgrupos, para tener un debate más profundo. Casi siempre la forma que ellos encuentran para hablar sobre algún tema es desde su experiencia; nosotros a veces hacemos lo mismo, para que nos vean más cerca de sus realidades.

Escaramujo es parte de un área interdisciplinar que engloba procesos de transformación política, cultural y social que, de forma colectiva, participativa y desde el diálogo, persiguen educar en, desde y para la comunicación. ¿Cómo esa intención ayuda a formar valores?

Para mí esa es la función básica del proyecto: compartir y promover valores. En primer lugar están la honestidad, la solidaridad, el compañerismo, el respeto. Son actitudes que en Escaramujo tenemos muy incorporadas. Ellos necesitan cariño y nosotros fomentamos ese cariño desde una práctica y una lógica diferentes: no solo diciéndoles que hay que ser altruistas y generosos, sino haciendo que vean como nosotros somos con ellos y como somos entre la propia coordinación. Escaramujo intenta sembrar una semilla que les permita cambiar desde la raíz, no porque alguien diga que está bien o está mal.

Hasta el momento se han realizado veintiún talleres en las provincias de La Habana, Pinar del Río, Matanzas, Villa Clara, Camagüey, Holguín y Santiago de Cuba, con la participación de casi quinientos adolescentes. En el área de comunicación, ha acumulado dieciséis audiovisuales realizados por adolescentes, dos documentales, dos sitios multimedias y un boletín resumen de sus primeros cinco años. Actualmente tiene un sitio en Internet y una página en Facebook. ¿Hacia dónde va Escaramujo?

Quizás por el hecho de ser un proyecto que se ha gestado desde abajo y no cuenta con financiamiento de ninguna institución, ha existido un poco de desinterés por parte de organismos y organizaciones que debieran apoyar el proyecto. En cambio, hay a quienes les resulta increíble que un grupo de universitarios que están estudiando o trabajando como recién graduados, inviertan gran parte de su tiempo libre en apoyar a adolescentes que han sido marginados o viven en situaciones de desventaja social.
Yo creo que actualmente es uno de los proyectos más importantes de la Facultad de Comunicación y de la Universidad en general. Es el ejemplo vivo de lo que la universidad puede servir a la sociedad, de lo que puede hacer por su gente. En cualquier lugar que llegamos, hablamos del proyecto, de lo que hacemos. Hay mucha gente implicada: nuestros padres, amigos, novios…, es que no dejamos hablar de eso.
Nosotros podríamos revolucionar las comunidades cubanas. Seríamos como una nueva UJC. Se me ocurre. ¿Saben por qué? Porque la UJC, en su momento, fue una organización revolucionaria que tenía un objetivo transformador. Nosotros también somos revolucionarios, y en la sociedad actual, marcada por una creciente pérdida de valores y de compromiso, nosotros potenciamos nuestro sentido ético y político en las maneras de hacer educación y comunicación.
Si pudiéramos, cambiaríamos, por ejemplo, que no existan niños en las Escuelas de Formación Integral, adonde van por cometer delitos, que no haya tantos marginados o atendidos preventivamente por instituciones que regulan el orden social. Quisiéramos que cuando crezcan esos adolecentes, no tengan hijos que vayan a parar a una escuela de conducta.
Ser parte de Escaramujo también me ha traído muchísimos problemas, sobre todo discusiones con gente que no defiende lo que cree. No solo a mí, sino a todos los que integramos este proyecto, la vida nos ha cambiado. Es un proceso donde nos hemos ido transformando. Mi forma de ser, de pensar, mis nuevas luchas, me han enseñado a creer en cosas que antes no creía y ahora sé que se pueden transformar. Me he vuelto más sensible, y al mismo tiempo, he aprendido a controlar mis sentimientos y a no justificar lo que está mal. Observando la realidad de esos muchachos, me doy cuenta de que lo que tenemos que hacer no es pasarles la mano, sino ayudarles a cambiar. Cosas así me hacen sentir orgullosa y satisfecha.

 

Esta entrevista se publicó por vez primera en el libro «Narrar Cuba. Sueño joven de un país», que pertenece a la colección Juventudes en Cuba, de la editorial Ocean Sur.

Anuncios

7 comentarios en “Marlen y «el escaramujo»

  1. marcostropero dijo:

    Bello proyecto. Escuché de él en una clase que recibí hace un tiempo. Muy buena idea, y sobretodo humana. Ya lo dijo Martí, la “ley primera de nuestra república” en “el culto a la dignidad plena del hombre” hecho realidad desde, por y para los jóvenes cubanos. Pa’ lante caballero.

    Me gusta

  2. Anita dijo:

    Proyectos como este demuestran las ganas de seguir soñando y haciendo por Cuba, espcialmente por sus niñ@s y adolescentes. Hoy Escaramujo tiene 6 años de creado y sigue avanzando con fuerza, entusiasmo y compromiso!!!

    Me gusta

  3. Karen dijo:

    Me encanta!, nada mejor que esto para que en el futuro puedan mantener conductas positivas ante la sociedad. Ani feliz de la excepcional labor que todos ustedes realizan!

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s